“Saúl se presentó ante la mujer de noche y dijo: Quiero hablar con un hombre muerto, ¿qué es lo que ves? Veo una forma nebulosa que sube de la tierra, dijo ella. ¿A qué se parece? Es un anciano envuelto en una túnica. Saúl comprendió que era Samuel y se inclinó delante de él”. 1ra Samuel 28:8, 13 y 14. Al Día
Pasemos a estudiar un concepto de nuestra vida dictada por Salomón.
El tema de la muerte, ha sido debatida desde tiempos remotos hasta hoy en día. Clérigos, teólogos, filósofos, entre otros se han enfrascado cada uno en defender sus propias teorías o conceptos acerca de este suceso que tarde o temprano llegará a todos. Sabiendo que la muerte viene implícita o forma parte “del paquete” de la vida del hombre, es preciso conocerla-independientemente del criterio humano- a la luz de las Sagradas Escrituras que en una forma sencilla y llana presenta la esencia de este punto.
Ya hemos referido en otros artículos que la muerte ocurre en el ser vivo una vez pierde el hàlito de vida. Salmo 104:29 y 30. O sea, el aire, o aliento de vida o espíritu de vida que está en nuestras narices, Job 27:3 y vuelve a Dios dueño absoluto de nuestra vida. Eclesiastés 12:7.
En esta parte nos ocuparemos de estudiar sobre la inconsciencia del hombre una vez fallece. Los textos citados, que expone el salmista son elocuentes: “Los muertos nada saben; ni siquiera tienen memoria, todo queda en el olvido”. Este era el sentir del salmista:
“Pronto será demasiado tarde, ¿de que valdrán tus milagros cuando esté yo en el sepulcro? ¿Cómo he de alabarte entonces?

¿Pueden los que están en el sepulcro declarar tu benevolencia?
¿Pueden proclamar tu fidelidad? ¿Pueden las tinieblas hablar de tus milagros? ¿Puede alguien en la tierra del olvido hablar de tu ayuda? Y concluye: “Los muertos no pueden entonar alabanza a Jehová aquí en la tierra”. Salmo 88:10-12; 115:17.
La ciencia avala a la palabra de Dios sobre la inconsciencia del hombre al morir. ¿Cómo se produce? “Desde el punto de vista científico, los impulsos eléctricos que dan lugar a las percepciones, el pensamiento, las emociones, la consciencia, se apagan por completo en el cerebro cuando el cuerpo muere”. En efecto, como explica la cita científica cuando la persona fallecida pierde la percepción-conocimiento de una cosa que comunican los sentidos- se pierden también las emociones, por ejemplo, las que produce satisfacciones laborales: “Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el seol-sepulcro- a donde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría”. Eclesiastés 9:10.
La consciencia que el ser humano tiene de su propia existencia, de sus estados y de sus actos se pierden una vez al fallecer: “Porque en la sepultura no te exaltará, ni te alabará la muerte; ni los que descienden al sepulcro esperarán tu verdad. El que vive, éste te dará alabanza como yo hoy”. Isaías 38:18 y 19. Sin embargo, ante esta verdad innegable que presenta la palabra de Dios de la condición de los muertos, Satanás trata de engañar a las personas letradas e iletradas, incluso religiosos, mantienen la tesis que el difunto vive y puede volver a la vida a través de un médium, clarividente, o espiritista, “considerados de facultades mentales paranormales, que permiten comunicarse con los espíritus del más allá”. Diccionario Larousse.
A estos individuos “consultan” miles de personas impulsadas por saber de sus seres queridos fallecidos,

sin saber que el príncipe de las tinieblas promueve el engaño a través de sus comunicadores.
Veamos brevemente el caso Saúl: -Parafraseado-. El rey había pecado y no sabía que “el Espíritu de Jehová se había apartado de él”. 1ra de Samuel 16:20. Ocurre la muerte de Samuel-su consejero- y de pronto se siente aislado y confuso sobre su futuro, porque Jehová no le contestaba ni en sueños, ni profetas. Entró pues en él la desesperación y la impaciencia y consulta a la pitonisa de Endor. El rey sabía que Jehová había ordenado ejecutar a todos los adivinos y adivinas, no obstante a ello, Saúl llega hacia la mujer despojado de sus túnicas reales de monarca disfrazado como una persona común y corriente y le hace la petición a la mujer de traer a Samuel a su presencia. La médium entró en temor porque su vida estaba en riesgo. ¿Qué? ¿Quieres que me maten? Le dijo la mujer, tu sabes que Saúl ha hecho ejecutar a todos los médiums y adivinos, tú debes de ser un espía; el rey trata de calmarla y le pregunta: “¿Qué es lo que ves? Veo una forma nebulosa que sube de la tierra-dijo ella-. ¿A quién se parece?-pregunta el rey-, es un anciano envuelto en una túnica. Saúl comprendió que era Samuel y se inclinó delante de él. ¿Porqué me has molestado haciéndome volver?-preguntó Samuel a Saúl- 1ra de Samuel 28:8-15.
Preguntamos: ¿Era Samuel el que volvía a la vida y conversaba con el rey? Examinemos un punto importante de esta narración que nos presenta este libro. Una vez que el rey pregunta por las características supuestas de Samuel, la mujer responde: “veo una forma nebulosa que sube de la tierra”. El rey al escuchar esta respuesta hubiese bastado salir de inmediato del recinto de la pitonisa. La forma de la figura nebulosa, “ es oscuro, confuso y poco claro”, expone el diccionario. Pablo hace referencia a la parte nebulosa del diablo: “nuestra lucha es contra seres incorpóreos malignos soberanos del mundo invisibles, poderosos guiados por el príncipe de las tinieblas que gobiernan este mundo”. Efesios 6:12.
La expresión de Pablo es clarísima, el rey no distinguió que la figura nebulosa u oscura que presentaba la mujer era la representación del maligno; incluso se inclinó delante de él. ¡Saúl cayó en sus redes! Definitivamente, como explican las Sagradas Escrituras, ningún ser fallecido vuelve a la vida, y yace en la inconsciencia.
Si asumimos que Samuel supuestamente se presentó a la mesa de la médium a conversar con Saúl, invalidamos lo expuesto por la palabra de Dios que los muertos yacen en la inconsciencia. Si fuese así la puerta estaría abierta para que todos los fallecidos volvieran a comunicarse con los que ellos quisieran. ¡Imposible! Samuel jamás se habría presentado a la mesa de la pitonisa en un estado de oscuridad y tinieblas. Además, nunca hubiera permitido que Saúl se arrodillara con reverencia delante de él; Samuel era un consumado monoteísta, es decir, su adoración solo fue hacia su Dios; el Dios de Israel. Samuel fue un santo desde su niñez-1ra de Samuel 20:26-28- conocedor y fiel practicante de las leyes del Señor, en la cual destacaba una cláusula que prohibía la practica bajo pena de muerte-según relata este libro- de las evocaciones a adivinos-versículo 10-.
Definitivamente lo que ocurrió en este suceso, fue una jugarreta más del diablo.
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