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“Orad, pues, que vuestra huída no sea en invierno ni en sábado; porque habrá entonces gran tribulación, cual no fue desde el principio del mundo hasta ahora, ni será”. Mateo 24:20 y 21

Intentaremos explicar en forma breve otra profecía anterior a esta y que ocurrió precisamente en el año 70 D.C.  Cumplida esta profecía el Maestro anuncia la gran tribulación.

LA ABOMINACIÓN DESOLADORA.

¿En qué consistió esta profecía? Había sido predicha por el profeta Daniel.  “Y se levantarán de su parte tropas que profanarán el santuario y la fortaleza, y quitarán el continuo sacrificio y pondrán la abominación desoladora”. Daniel 11:31.  El profeta hace hincapié del sacrilegio o escarnio que sufriría el templo en la era cristiana.

El Señor Jesucristo antes de morir confirma lo anunciado por Daniel.  “Saliendo Jesús del templo, le dijo uno de sus discípulos: Maestro, mira que piedras, y que edificios.  Jesús respondió, y le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada”. Marcos 13:1 y 2.   “Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora del que habló el profeta Daniel, (el que lee entienda) entonces los que estén en Judea, huyan a los montes.  El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa…” Mateo 24:15-17.

Para entender porque el exterminio o liquidación del templo, es imprescindible apelar a la historia.  “El sitio de Jerusalén del año 70 D.C. fue un acontecimiento decisivo en la Primera guerra Judea-Romana.  El ejército romano dirigido por el emperador Tito, con Tiberio Julio Alejandro como su segundo al mando sitió y conquistó la ciudad de Jerusalén, que había estado ocupada por sus defensores judíos desde el año 66 D.C. 

La ciudad y su famoso templo fueron destruidos el mismo año de su conquista.  El templo era rodeado por una verdadera fortaleza. 

Era el segundo mayor edificio en el perímetro defensivo de la ciudad. Tito ordenó que solo quedara parte del templo; un muro alto, conocido como el muro de los lamentos, a cuyo sitio acuden los judíos a orar al Dios Omnipotente. 

En esta revuelta judía contra los romanos, Tito hacía crucificar 500 judíos diarios”. Fuente: Primera guerra Judea-Romana. 

Finalmente el historiador judío Flavio Josefo afirma “que un millón ciento diez mil personas murieron durante el asedio, de los cuales la mayoría eran judíos.  Además, noventa y siete mil personas fueron capturadas y esclavizadas”.

Ahora bien, ¿cuáles fueron las causas de la destrucción de esta monumental fortaleza que según la historia había sido una idea de Herodes que en su ambicioso proyecto de la construcción del templo,  “se había propuesto hacer del santuario más bello y glorioso que el templo de Salomón y su esmero consistió emplear lo mejor de la ingeniera de ese tiempo para que esos muros de contención fueran una verdadera fortaleza capaz de resistir tensiones y grandes pesos”.  Y esto fue precisamente lo que vio Daniel en el capítulo 11 y versículo 31, el cual describe un colosal templo, refrendado por Jesús en el libro de Marcos expuesto arriba.  

Reza la historia que “a diario en el santuario se sacrificaban dos animales—no precisamente a Jehová—con el fin de bendecir las obras y el reinado de Herodes.  El acto decisivo que significó la ruptura con Roma fue la decisión de Eleazar Benhnania, encargado del cuidado del templo, de no aceptar más el sacrificio cotidiano para el emperador”. Fuente: Sitio de Jerusalén.  Asumimos que estos sacrificios otorgados al emperador eran avalados por los jerarcas o autoridades judías que permitieron la contaminación del templo, causando así, la repulsión de Jehová; de ahí su destrucción.

¿Qué lección nos deja este evento?

La Gran Tribulación

Este punto es muy discutido por existir diversas interpretaciones.  Los avezados estudiosos de la palabra de Dios tienen dificultades para visualizarlo desde su verdadero concepto escritural.

La tesis de algunos exponentes es que esta profecía ya tuvo su cumplimiento y la relacionan con la profecía dictada por Daniel y ratificada por el Hijo de Dios; la destrucción del templo expuesto en el inicio de este fascículo.

¿Qué ocurrió realmente en el periodo de la abominación desoladora en donde se exalta la destrucción del templo y la ciudad de Jerusalén?  ¿Qué alcance tuvo esta profecía? ¿Se originó la persecución de los seguidores del Maestro en este evento?  Si bien el Señor Jesucristo advierte a su iglesia escapar una vez que se origina la destrucción del templo, ello no implicaba que las tropas del emperador romano Tito se dirigieran a ellos en ese tiempo para atribularlos.  El Señor les había advertido: “entonces los que estén en Judea huyan a los montes”. Mateo 24:16.

Flavio Josefo historiador judío, asistente cercano del emperador Tito confirma lo expresado por el Hijo de Dios.  “Los cristianos de Jerusalén habían esperado el cumplimiento de la profecía de Jesucristo.  Años antes, el Hijo de Dios había dado esta advertencia, Lucas 21:22.  En conformidad con las instrucciones de Jesús sus fieles seguidores se apresuraron a huir de la ciudad, permanecieron lejos de allí y se libraron del terrible sufrimiento que les sobrevino”.  No obstante, que en este conflicto judeo-romano, conocido también como la guerra de los judíos según Josefo, el pueblo de Dios salió ileso, sin embargo se trata de explicar que posterior a esta guerra los fieles de Jesús fueron perseguidos, así, vagamente.

Si bien en el periodo de Esmirna sucedieron persecuciones numerosas—diez en total, Revelación 2:10—que fueron originadas por emperadores romanos, estas ocurrieron en determinado tiempo y en cierto lugar.  

Una profecía que destaca en materia de tribulación es la de los mil doscientos sesenta días o años proféticos que inició en el año 538 A.C. y concluyó en el año 1,798.  Debemos resaltar en esta parte que esta persecución la sufrió la iglesia a nivel continental; es decir, que empezó en Roma a través del clero romano.  Francia y España—esta última nación implantó la “santa” inquisición, tiempo en que el pueblo de Dios fue sometido a inenarrables torturas físicas y psicológicas—.  O sea, que la tribulación se desarrolló solamente en el continente europeo.  Sin embargo, el Maestro habla de una gran tribulación que nunca ha habido ni la habrá.

Y es que cuando el Señor profetiza la ruina del templo en Mateo 24 expone a continuación la Gran Tribulación que se avecina; consideramos que por la secuencia de los textos no se visualiza.  O sencillamente este punto de fe se estableció en la iglesia sin mayor investigación más que el criterio de un grupo de ministros.

Otra prueba irrefutable es la que expone el versículo 29 de Mateo 24 que textualmente dice: “Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas”.  Algunos exponentes de la iglesia al referirse a este versículo, lo demeritan y lo aíslan; sostienen que sólo el evangelista Mateo se pronuncia sobre este punto y que el resto—los tres evangelistas—lo omiten.  Sin embargo, este texto no es “huérfano” y nos abre la gran oportunidad de aclarar este acontecimiento.  Las palabras pronunciadas por el Maestro están íntimamente ligadas al quinto y sexto sellos apocalípticos.  Leamos con suma atención los versículos 9-13 de Revelación capítulo 6.  “Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían.  Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿hasta cuándo, Señor, Santo y Verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?  Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos, miré cuando abrió el sexto sello y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre; y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra”.

Examinemos brevemente los textos citados.  El versículo 9 es la conclusión del quinto sello—este se abrirá una vez que empiece la Gran Persecución—.  Posteriormente se apertura el sexto sello—versículos 12 y 13—y veamos las similitudes que existe con la pronunciación del Maestro y la revelación que le fue dada a Juan.  El Señor declara que después de la Gran Tribulación tanto el astro sol, como el satélite lunar no darán más su resplandor. Mateo 24:29

El revelador coincide con este evento expuesto por el evangelista, Revelación 6:12 y 13.  Y lo más sorprendente que tanto un libro como el otro, nos acerca a la segunda venida Gloriosa del Hijo de Dios en su manifestación de ira.  Mateo 29:30; Revelación 6:15-17.

Otra irrebatible prueba sobre este punto la encontramos en el libro de Revelación que destaca: “Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero vestidos de ropas blancas y con palmas en las manos.  Entonces uno de los ancianos habló, diciéndome: estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de donde han venido?  Yo le dije: Señor tú lo sabes.  Y el me dijo: éstos son los que han salido de la Gran Tribulación—expresada por el Hijo de Dios en el libro de Mateo 24—y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero”. Revelación 7:9, 13 y 14.

Del trozo expuesto hay dos hechos que destacan:

Primero: Que el versículo 9 nos presenta un escenario de personas de todas las naciones de la tierra vestidas de ropas blancas.

Segundo: Que han sufrido la Gran Tribulación y han salido victoriosos.

Al estudiar los fragmentos citados, ¿qué nos dicta el sentido común? ¡Que la Gran Tribulación es de carácter mundial!  ¡Ninguna persecución será igual a esta!  El Señor cuando profetiza la Gran Tribulación, imprime intensidad en sus palabras.  Leamos esta advertencia a su iglesia en la versión Al Día.  “Por que como la persecución que se desatará no se habrá desatado ninguna en la historia, ni se desatará después”.  Por favor fije su atención en el versículo siguiente. “Si aquellos días no fuesen acortados, la humanidad entera perecería; pero serán acortados por el bien de los escogidos del Señor”. Mateo 24:21.  Las partes expuestas denotan que la advertencia del Hijo de Dios, es para todos sus seguidores en los cinco continentes de la tierra. ¿Habrá sucedido una persecución universal sobre esta tierra? ¿Y los días en alguna época se habrán acortado? Definitivamente no.  ¿Por qué ocultar a la iglesia este evento que trasciende en la vida de los auténticos hijos de Dios?  ¿Han bastado las pruebas escriturales e históricas para acreditar este acontecimiento que está por llegar? 

No olvidemos que, ministros, diáconos y obreros tenemos el papel de centinela; debemos ser comunicativos.  Tener la tarea o responsabilidad de vigilar y de estar atentos a cualquier tipo de peligro o amenaza que se cierne sobre la iglesia; y de advertir como en este caso, la tribulación que está a las puertas.

¡Es hora de despertar!

¿Contra quiénes será la Gran Tribulación?  “Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo”. Revelación 12:17.  Una vez que concluye la persecución de los 1,260 años o días proféticos en el año 1,798, se le revela a Juan la última tribulación a nivel global que está en espera de su cumplimiento.  La iglesia que fue perseguida en esta profecía, estuvo conformada por judíos conversos; su descendencia está configurada por gentiles de todas las naciones; éstos han sido injertados a las primicias santas del evangelio.  Romanos 11:16 y 17.  Por tanto, es la descendencia de la iglesia primitiva y se caracteriza también por observar los mandamientos de Dios.

¿Y QUÉ DEL RAPTO SECRETO?

Veamos ahora lo que la teología protestante expone sobre este acontecimiento: “La duración de la tribulación es de 7 años, determinados por las setenta semanas de Daniel capítulo 9 y versículos 24-27.  La gran tribulación es la última mitad del periodo de la tribulación, con tres años y medio.  Este poder que se le dará a la bestia, según Apocalipsis 13:5, será por 42 meses, lo que son tres años y medio la duración de la gran tribulación”.  A esta información acomodan la teoría del rapto secreto de la iglesia.  “El rapto es aquel tiempo cuando los cristianos fieles de repente serán arrebatados de este mundo para estar con el Señor Jesucristo.  Una fracción de segundos antes del rapto de los cristianos vivos será la resurrección de aquellos cristianos que han muerto en Cristo;  en el cielo o en la atmósfera de la tierra o en el espacio, ellos serán juzgados ante el tribunal de Cristo para ser recompensados por sus actos (2da Corintios 5:10; 1ra Corintios 3:10-15).  Durante este tiempo por siete años los que queden en la tierra serán sometidos a la prueba más tremenda de sus vidas; en aquel periodo más fatal de toda la historia de la humanidad, el tiempo de la gran tribulación”.  Mateo 24:29.  ¿Es este el carácter bíblico de la Gran Tribulación?  Al indagar sobre el fragmento expuesto, no dejamos de sorprendernos que en tan poco espacio haya tremendas inexactitudes por desconocimiento sobre este evento.

No tratamos de cuestionar a nadie; nuestro fin es tratar los acontecimientos proféticos fundamentados en la palabra de Dios:  “Si alguno habla, hable conforme a la palabra de Dios”. 1ra Pedro 4:11.  Partiendo de esta premisa, las Santas Escrituras niegan por ejemplo, que la tribulación dure 7 años.  No existe ningún registro bíblico que señale esa cifra.  Pretender afirmar que los 7 años sean divididos—tres años y medio de la tribulación y tres años y medio de la Gran Tribulación—tampoco tiene apoyo escritural.  Apocalipsis 13:1-19 revela—según ellos— que se le dará a la bestia 42 meses o sea tres años y medio para la Gran Tribulación, la última mitad de los 7 años, es totalmente falso.  Dicha profecía corresponde a los mil doscientos sesenta años o días proféticos que tuvo su vigencia en la persecución de los santos del Altísimo en la edad media.  Dicha persecución fue promovida, como expusimos antes,  por la cuarta bestia— Roma—cuyo inicio fue en el año 538 D.C. y concluyó en el año 1798.

Con relación a la profecía de las setenta semanas no es determinante en este acontecimiento porque ya tuvo su cumplimiento.  Las setenta semanas proféticas fue una prorroga al pueblo de Israel para su conversión.  Dicha profecía inició, “desde la salida de la palabra para restaurar y edificar a Jerusalén”. Esdras 7:1-26, mediante el decreto de Artajerjes Longimano, en el año 457 A.C. y concluyó en el año 33 de la era cristiana.  En ese año concluye el plazo en favor de Israel, cuyos frutos de la predicación se reflejaron en la conversión de las primicias del Señor, los ciento cuarenta y cuatro mil escogidos, el resto de la nación hebrea rechazó el llamado del Maestro.

¿HA HURTADILLAS?

Si bien el apóstol Pedro expone que “El día del Señor vendrá como ladrón en la noche”, 2da Pedro 3:10, este es un apercibimiento a sus seguidores para que en todo momento aguarden su venida.  “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir nuestro Señor.  Pero sabed esto, que si el  padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir velaría, y no dejaría minar su casa.  Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no penséis”. Mateo 24:42-44.  Los textos leídos están exaltando  la segunda venida del Hijo de Dios en forma sorpresiva; no secreta.

La venida de Jesús será con algarabía.  “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.  1ra Tes 4:16.  Su retorno será visible.  “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá”. Revelación 1:7. 

Queda pues, desvirtuada la doctrina del rapto secreto por carecer de fundamento bíblico.

Estudiemos ahora la parte medular de esta profecía de La Gran Tribulación, con toda la rigurosidad escritural como lo expone el texto de nuestra portada:  “Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en sábado; porque habrá entonces grande aflicción cual no fue desde el principio del mundo hasta ahora, ni será”. Mateo 24:20 y 21.

Iniciamos el examen de esta profecía, -la Gran Persecución-en el capítulo 24 de Mateo.  Meditemos los textos o versículos que se asocian con este evento, para el análisis e interpretación final.  “Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo—sábado—porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá.  Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; más por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados”. 

E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas”. Mateo 24:20, 24, y 29.

Analicemos brevemente el versículo 20. “Rueguen para que no les toque huir en invierno en día sábado”. Versión Latinoamérica. 

¿Por qué el Maestro pide a su iglesia suplicar al Padre que la persecución no se de en invierno o en un día sábado?  Si la gran tribulación se originara en invierno, la iglesia tendría que enfrentar múltiples riesgos.  Por ejemplo, dificultad para caminar o correr por terreno resbaladizo que puede provocar estrepitosas caídas; más aún en personas adultas, mujeres preñadas, etc.  Caer en agujeros que no son visibles por estar cubiertos de agua; correr en zonas oscuras es riesgo de accidentes. Caída de árboles, quedar atrapados por desbordamientos de los ríos, e inundaciones repentinas. El fenómeno natural del invierno con todas sus implicaciones dificultaría enormemente el escape de la iglesia.

Otro factor negativo que obstaculizaría la huida de la iglesia, si la persecución se desarrollara un día sábado. ¿Habría restricciones, por ejemplo, que limiten la libertad de observar el cuarto mandamiento? Si asumimos que la predicción del Hijo de Dios nos alerta a ser vigilantes una vez que guardamos ese día, entonces habrá impedimento tal vez de carácter legal.  

Deseamos hacer hincapié que este episodio lo sufrirán los que guardan el sábado con fervor, y tienen este santo día como delicia, y no para los miembros que tienen en poco este mandamiento.  Ellos están exonerados de cualquier sanción legal eclesiástica que se de en un momento dado.

Si revisamos la historia nos revela las dificultades que la iglesia primitiva enfrentó por guardar el día del Señor.  “En el concilio de laodicea en donde varios centenares de obispos romanos se reunieron en el cual advertían que los cristianos no debían judaizar, por ejemplo, descansar en el día sábado; esta ley fue aprobada por los obispos romanos como necesaria ante el rápido avance de la observancia sabatina de las iglesias del Este”.  Fuente: Historiador Williams Hames en sacramentos y sábado, página 122 y 123.   Es muy probable que estas acciones se repitan con el cambio “legal” del día, en el cual figura el día domingo como sustituto del día verdadero de descanso, sábado. Siendo predecible que allanen los templos en el día sábado para facilitar medidas de prevención o sanciones a los auténticos servidores del Hijo de Dios.  No tratamos de sobredimensionar esta parte, solamente nos apoyamos en los eventos pasados, en el cual los siervos del Señor Jesucristo fueron perseguidos por observar su día.  “Por esto el Hijo del Hombre, que es Señor, también es dueño del sábado”. Marcos 2:28 versión Latinoamérica.  Así, la advertencia que hace el Maestro nos orienta a la posibilidad que se desencadenen acontecimientos que causen sufrimiento a la iglesia.

Al leer este artículo quizás usted esté sorprendido por lo expuesto, porque el tiempo pasado dista del presente.  En nuestro país—Guatemala—existe libertad de cultos apoyados por la constitución.  Existe también una institución de Derechos Humanos que vela por los derechos individuales, sociales, cívicos, culturales y la libertad de escoger el credo más conveniente.  No obstante, este episodio en su momento, tendrá su cumplimiento, por lo que los auténticos siervos del Señor deben estar preparados.

Concluimos esta exposición con la exhortación paulina de mantener nuestra fe intacta, hasta el final, aún a costa de nuestra vida en situaciones extremas: “Tanto que nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en LAS IGLESIAS DE DIOS, de vuestra paciencia y fe en todas vuestras PERSECUCIONES y tribulaciones que sufrís; una demostración del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del Reino de Dios, POR EL CUAL ASÍ MISMO PADECÉIS”. 2da Tes 1:4 y 5.

LA IGLESIA DE DIOS Y SU TEMATICA

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