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“Pero Jehovà había dicho a Abram, vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre a la tierra que te mostrarè”. Gènesis 12:3

INTRODUCCION

Sobre esta temática han versado algunos estudiosos de la palabra de Dios y en el mundo existen diversos criterios por las hostilidades entre árabes e israelíes por la posesión de Palestina.  ¿Son los árabes dueños absolutos de la tierra? ¿Los judíos son usurpadores por tomar posesión de una parte de Palestina?

En este estudio intentaremos con la dirección del Espíritu de Dios poner en contexto la realidad bíblica sobre los verdaderos herederos de la tierra en disputa. Por eso, es imprescindible orientar al lector sobre la veracidad de estos hechos.

PROMESA HECHA A ABRAHAM

Originalmente la tierra de Palestina o Canaán, Dios la ofreció al patriarca Abraham “Pero Jehová había dicho a Abram, vete de tu tierra  y de tu parentela, y de la casa de tu padre a la tierra que te mostraré” Génesis 12:3. No obstante, la promesa firme de Jehová de dar a Abraham  y a su descendencia la tierra de Palestina, éste tenía sus propias reservas e hizo la siguiente pregunta: ¿En qué conoceré que la he de heredar? “El Señor le dijo: Tráeme una becerra, una cabra y un carnero” Génesis 15:8-9.  Según el ritual Abraham partió por la mitad a los animales una frente a otra.  Pero él no caminó en medio de ellos.  Génesis narra que solo Jehová pasó en medio de ellos.  “Y sucedió que puesto el sol y ya obscureciendo se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos.  En aquel día hizo un pacto con Abraham diciendo: a tu descendencia daré esta tierra, desde el rio de Egipto –Rio Nilo– hasta el rio Grande, el rio Éufrates” Génesis 15:17-18.  Con que claridad en este pacto de sangre, el versículo 17 explica que solo el Señor adoptó el compromiso de garantizar la promesa echa al patriarca.  

En la antigüedad todo pacto era entre dos partes.  ¡Abraham se deslindó de este compromiso!

En la actualidad parte de la tierra que Dios le prometió a Abraham se encuentra en Irak.  Los ríos Éufrates y Tigris que menciona Génesis pasan por Mesopotamia. 

En Irak, originalmente estuvo el paraíso de Edén; ahí creó Dios al primer hombre y también en ese lugar, Eva fue engañada por la serpiente.  En ese territorio en el año 1993 se desencadenó la guerra del golfo pérsico lidiada por Estados Unidos y sus aliados.

Abraham antes de recibir la promesa del Señor, habitaba en una nación pagana de donde el Señor lo llamó

“Y tomó Taré a Abram su hijo, y al hijo de Haram hijo de su hijo, y a Sarai su nuera mujer de Abram su hijo

y salió con ellos de Ur de los caldeos, para ir a la tierra de Canaán; y se quedaron allí” Génesis 11:31. 

Ur era un pueblo politeísta, según las crónicas en ese lugar se construyó la torre de Babel. 

Reiteramos, toda la tierra prometida a Abraham comprende desde el rio de Egipto, Mesopotamia –Irak–, hasta el rio Grande, el rio Eufrates.  En el centro de toda esta tierra se encuentra Canaán, conocida actualmente como Israel y sus límites llegan hasta la franja de Gaza frontera con Egipto. 

El libro de Génesis nos relata con màs claridad, cómo Jehová ofrece a Abraham el corazón de la tierra prometida, Canaán “Tomó, pues, Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano,  y todos sus bienes que habían ganado y las personas que habían adquirido en Haram, y salieron para ir a tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron.  Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Siquem, hasta el encino de More; y el cananeo estaba entonces en la tierra.  Y apareció Jehová a Abram, y le dijo:  a tu descendencia daré esta tierra…” Génesis 12:5-7.  Canaán, insistimos, hoy es la tierra de Israel.  Siquem, Bethel, Silo, etc, están localizadas en el perímetro de Israel.  Josué y los huesos de José están enterrados en esa área.  Josué 24:30 y 32.  Así pues estas ciudades que citamos forman parte de todo el territorio de Palestina que fue prometido a nuestro padre Abraham.

Como lo explica el libro de Génesis, el pacto del Señor seguiría su curso con la descendencia de Abraham, y esto implicaba que Abraham tuviese simiente y justo en ese tiempo estaba Ismael su hijo. Abraham pensó que el Señor haría el pacto con él y bendeciría a Ismael como descendiente suyo, sin embargo, el Señor tenía otros planes “Y dijo Abraham a Dios; ojalá Ismael viva delante de ti.  Respondió Dios: ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamaras su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él, como pacto perpetuo para sus descendientes después de él” Génesis 17:18 y 19.  Como podemos ver el pacto no se celebró con Ismael el hijo de Abraham y Agar, sino con Isaac que se constituye en el hijo de la promesa.

DIOS DEFIENDE LA PUREZA DEL PACTO

Partiendo de que Abraham junto a su esposa Sara, eran los depositarios de la promesa deberían vivir con integridad delante de Jehová.  Sin embargo, a causa de la hermosura de Sara estando en Egipto con Abraham ocurrió un incidente con Faraón.  Este es el relato de Génesis “Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abraham a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra.  Y aconteció que cuando estaba para entrar a Egipto, dijo a Sara su mujer: he aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto; y cuando te vean los egipcios, dirán: su mujer es; y me mataràn a mí, y a ti te reservaran la vida.  Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya y viva mi alma por causa de ti” Génesis 12:10-14.  Abraham no mentía, en realidad Sara era su media hermana (Génesis 20:12).

“Y aconteció que cuando Abraham en Egipto, los egipcios vieron que la mujer era hermosa en gran manera.  También la vieron los príncipes de Faraón y la alabaron delante de él; y fue llevada la mujer a casa de Faraón” Génesis 12:15.  Sin embargo, antes que Faraón tomara a Sara por mujer Jehová lo hirió a él y a su casa con grandes plagas, verso 17.  El versículo 16 declara que Abraham recibió de parte de Faraón, ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos (Versículos 16 y 17.) Los versículos finales de este capítulo relatan que después de haber sufrido los embates de las plagas, Faraón reprendió a Abraham porque éste había reservado que Sara era su mujer.  A raíz de este incidente, Faraón ordenó que ambos abandonaran Egipto, pero llevando todo lo que éste les había regalado.

En este evento ocurrieron dos cosas importantes,

Primero: Abraham salió de Egipto con inmensas provisiones de alimentos para superar la crisis del hambre.

Segundo: se preservó la integridad de Sara que daría a luz a Isaac el hijo de la promesa.  Dichas bases de la promesa deberían ser limpias y transparentes. Similar situación ocurrió con el rey Abimelec.  Favor de leer todo el capítulo 20 de Génesis.

Llegaron los días del nacimiento de Isaac, y Jehová confirmó la promesa a Abraham “Ciertamente, Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamaras su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él” Génesis 17:19.

PRINCIPIO DE LA GUERRA EN EL VIENTRE DE REBECA

 Isaac contrajo matrimonio con Rebeca, mujer agraciada y temerosa de Dios “Y la trajo Isaac a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca por mujer, y la amó; y consoló a Isaac después de la muerte de su madre” Génesis 24:67.  

Rebeca concibe mellizos: “Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y aceptólo Jehová y concibió Rebeca su mujer.  Y los hijos se combatían dentro de ella; y dijo: si es así ¿para qué vivo yo? Fue a consultar a Jehová, y respondiéndole Jehová: dos gentes hay en tu seno y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas, y un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor…”Génesis 25:21-23. 

“Y como se cumplieron los días para parir he aquí, mellizos en su vientre.  Y salió el primero rubio y todo él velludo

como una pelliza; y llamaron su nombre Esaú.  Y después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú y fue llamado su nombre Jacob –Dios sustituiría  este  nombre por Israel. Génesis 32: 27 y 28—“   Génesis 25:24-26. 

Estos eran los dos hijos que peleaban en el vientre materno de Rebeca.  Según lo dicho por Jehová, el mayor, o el que naciere primero daría curso a la promesa como pueblo de Dios y obtendría el título de primogénito.  Esaú nació primero y de acuerdo a la promesa él tendría la preeminencia.  Sin embargo, él despreció la primogenitura “Y guisó Jacob un potaje; volviendo Esaú del campo cansado, dijo a Jacob: ruégote que me des a comer de eso bermejo, pues estoy muy cansado.  Por tanto fue llamado Edom. 

Y Jacob respondió:  véndeme en este día tu primogenitura.  Entonces dijo Esaú: He aquí, yo me voy a morir ¿Para qué pues me servirá la primogenitura? Dijo Jacob: júramelo en este día y él le juró y le vendió su primogenitura.  Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas, y él comió, bebió, y levantóse y fuese.  Así despreció Esaú la primogenitura” Génesis 25:29-34.  Con esta actitud Esaú no estimó el alto valor de las bendiciones que otorgaba tal derecho.  Por lo tanto, las bendiciones de la promesa y las espirituales eran para Jacob padre de las 12 tribus de Israel.

Isaac ratifica la promesa a su hijo Jacob, dada a su padre Abraham “Y el Dios Omnipotente te bendiga y te haga fructificar y te multiplique hasta llegar a ser multitud de pueblos; y te de la bendición de Abraham, y a tu descendencia contigo para que heredes la tierra en que moras que Dios dio a Abraham” Génesis 28:3 y 4. Las bendiciones espirituales hechas también a Jacob –Israel—“Dios, pues, te dé del rocío del cielo, y de la grosura de la tierra.  Y abundancia de trigo y de mosto. 

Sirvante los pueblos y naciones se inclinen a ti, sé señor de tus hermanos e inclínense a ti los hijos de tu madre: malditos los que te maldijeren y benditos los que te bendijeren” Génesis 27:28 y 29.

El análisis de estas bendiciones.  “El rocío del cielo”,  es la Santa palabra de Dios dada a los videntes de Israel.  Así lo confirma el apóstol Pablo “¿Que pues, tiene más el judío? Mucho en todas maneras.  Lo primero ciertamente, que la palabra de Dios les ha sido confiada” Romanos 3:1-2.

“La grosura de la tierra” Estas bendiciones se traducen en riqueza material: petróleo, minerales, oro, piedras preciosas, etc. “Sìrvante pueblos y naciones se inclinen a ti” Muchos países dependen de Israel debido a su avanzada tecnología en todas las ramas de la ciencia, léase campo de la genética, medicina, industria, agricultura, material bélico etc.

“Sé señor de tus hermanos, e inclínense a ti los hijos de tu madre”. Esta profecía se ha cumplido en la actualidad.  Hoy en día, miles de árabes fieles–recordemos que Rebeca fue madre de los árabes a través de Esaú– sirven a Israel, incluso, en el parlamento judío hay representantes árabes sirviendo a intereses israelíes.  

“Malditos los que te maldijeren y benditos los que te bendijeren”.

Para ilustrar este enunciado del Señor, estudiemos brevemente como el rey de Moab envió a Balaam a maldecir a los hijos de Israel. He aquí el relato bíblico:  “Sipor era entonces el rey de Moab.  Por tanto envió mensajeros a Balaam, hijo de Beor, Empetor, que está junto al rio de la tierra de los hijos de su pueblo, para que llamasen diciendo: un pueblo (Israel) ha salido de Egipto y he aquí cubre la faz de la tierra, y habita delante de mí.  Ven pues, ahora, te ruego, maldíceme este pueblo, porque es más fuerte que yo; quizá yo pueda herirlo y echarlo de la tierra; pues yo se que al que tu bendigas será bendito y el que tu maldigas será maldito”. Números 22:4-6.  Balaam era un personaje respetable por las altas eminencias, autoridades y pueblo de Moab de aquel entonces y narra todo el capítulo 22 de Números que pese a la advertencia que le hizo Jehová, de no maldecir a Israel, Balaam se resistió; incluso a través del ángel que se interponía en el camino a Balaam le había dicho que Israel era un pueblo bendito. Números 22:12.  No obstante, Balaam de nuevo ignoró la orden.  Y yendo por el camino que lo conduciría a las tiendas de Israel, el ángel se interpuso en su camino para persuadirlo.  El asna en que iba montado vio al ángel de Jehová y se negó a continuar su marcha, a pesar de las tres veces que fue objeto de golpes por parte de éste. ―Entonces Jehová abrió la boca al asna, la cual dijo a Balaam: ¿Qué te he hecho para que me has azotado estas tres veces?‖—versículo 28—. El versículo 31 de Números 22 narra que Jehová abrió los ojos de Balaam y por fin pudo ver al ángel que estaba en el camino, y tenía su espada desnuda en su mano.  Y Balaam hizo reverencia y se inclinó sobre su rostro.

Finalmente el capítulo 24 de Números y los versículos 5, 6 y 9, narran que Balaam alzando sus ojos hacia el valle donde estaban las tiendas de Israel, dijo: “cuan hermosas son tus tiendas, oh Jacob, tus habitaciones ¡Oh Israel!  Como arroyos están extendidas, como huertos junto al rio, como aloes plantados por el Señor, como cedros junto a las aguas, benditos los que te bendijeren y malditos los que te maldijeren”  Moab fue tierra de Esaú y el odio hacia Israel de éste ha sido desde antiguo.  Actualmente el espíritu de Esaú está seduciendo a las naciones a maldecir a Israel, con el falso argumento de que este pueblo ocupa sus tierras.  Los pueblos ignoran la sentencia predicha por el Eterno de maldecir a los que maldicen al pueblo semita.

Respetable lector que sus oraciones sean siempre por la paz del pueblo escogido y será bendecido por el Dios Omnipotente.

El libro de Génesis nos relata que después que Jacob recibió las bendiciones, Esaú lo persiguió para matarlo “Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre lo había bendecido, y dijo en su corazón: llegaran los días de luto de mi padre, yo mataré a mi hermano Jacob.  Y fueron dichas a Rebeca las palabras de Esaú su hijo mayor; y ella envió y llamó a Jacob su hijo menor, y le dijo: He aquí, Esaú tu hermano se consuela acerca de ti con la idea de matarte.  Ahora pues, hijo mío, obedece a mi voz; levántate y huye a casa de Labán mi hermano en Haram” Génesis 27:41-43.

En ese mismo tiempo Jehová ratifica a Jacob la promesa hecha a Abraham “Y el Dios Omnipotente te bendiga, y te haga fructificar y te multiplique hasta llegar a ser multitud de pueblos; y de la bendición de Abraham, y a tu descendencia contigo, para que heredes la tierra en que moras, que Dios dio a Abraham” Génesis 28:3.  Posterior a esta bendición se formaron las doce tribus que constituyeron el pueblo de Israel, cuyo padre fue Jacob.  Génesis 29:32-35 y 30:1-24

¿Y qué de la suplantación que alega Esaú de su hermano Jacob, acerca de la primogenitura?

“Esaú respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, pues a mí me ha suplantado dos veces, se apoderó de mi primogenitura, y he aquí, ahora ha tomado mi bendición” Génesis 27:36. ¿Es cierto eso?

Hemos referido antes que el pacto del Señor no se hizo en bases ilícitas, El es un Dios de orden e íntegro en todas sus acciones.  La palabra suplantar, según el diccionario Larousse significa, ―quitar a una persona su sitio en forma fraudulenta.  Ocupando su cargo o función, o asumiendo sus funciones‖.  Jacob al asumir la primogenitura no utilizó contra Esaú ningún medio coercitivo, sino que éste vendió su primogenitura, en un acto de desprecio a ese honor que le fue conferido por Dios, por un plato de comida.  Una vez que Esaú rechazó la primogenitura voluntariamente, no tenía ningún derecho a reclamarla como suya, y menos aún recibir la bendición que ésta otorgaba.

LA DISPERSION DE ISRAEL (La Diáspora) Y LA DESOLACION DE LA TIERRA

Una vez que Israel fue sacado de Egipto por la mano poderosa de Jehová, éste pecó continuamente delante del Señor, y la sentencia no se hizo esperar.  “Porque he aquí, yo mandaré y haré que la casa de Israel sea zarandeada entre todas las naciones, como se zarandea en una criba, y no cae un granito en la tierra”. Amós 9:9.

Y es que el Señor había hecho de su pueblo un reino para que le sirviera y adorara, pero como explica el libro de los reyes, el pecado cometido por Israel fue la causa por la que el Señor rompió el reinado. 1ra de Reyes 11:29-31.  Así Israel era separado de su tierra “Así como Jehová se gozaba en haceros bien y en multiplicaros, así se gozará Jehová en arruinaros y destruiros; y seréis arrancados de sobre la tierra a la cual entráis para tomar posesión de ella” Deuteronomio 28:63.

Una vez que los israelitas migraron a las distintas naciones, la tierra prometida permaneció desierta por casi dos mil años.  Esta situación había sido predicha por Moisés “Y a vosotros os esparciré entre las naciones, y desenvainaré espada en pos de vosotros; y vuestra tierra estará asolada y desiertas vuestras ciudades”. Levítico 26:33.  

El escritor Mark Twain, explica en su obra “Extranjeros Inocentes” de la situación deplorable en que se encontraba la tierra santa en el año 1860.  “El santo lugar donde los pastores cuidaban sus rebaños por la noche y donde los ángeles cantaron: Paz en la tierra, buena voluntad para con los hombres, está vacía y sin vida rodeado de lugares desiertos; duerme entre la quietud de la soledad y está habitada por aves de rapiña y zorras solitarias”.

EL RETORNO DE ISRAEL

Queremos hacer hincapié en este punto doctrinal, que por su rebeldía Israel fue castigado, pero entiéndase bien, no desheredado, por cuanto la promesa de Jehová dada a los patriarcas está en pie.

Al cumplirse los días del castigo, el pueblo semita retornaría a su tierra, como habían profetizado los siervos del Señor

“Y sabràn que yo soy Jehovà su Dios, cuando despues de haberlos llevado en cautiverio entre las naciones,

los reùna sobre su tierra, SIN DEJAR ALLÌ A NINGUNO DE ELLOS”. Ezequiel 39:28.

Nadie quedarà fuera de su terruño, y no existe fuerza humana que lo impida.

Es el cumplimiento de la palabra del Eterno y asì se harà.

El profeta está en lo justo.  En estos días finales de la humanidad los judíos están retornando a su tierra natal y esta es una de las últimas señales del segundo retorno Glorioso de nuestro Salvador Jesucristo. El profeta Jeremías, también hace eco del regreso de los hebreos a casa “por tanto, he aquí, que vienen días dice Jehová, en que no dirán más: Vive Jehová que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra de Egipto, sino: Vive Jehová que hizo subir y trajo la descendencia de la casa de Israel de tierra del norte –Rusia– y de todas las naciones a donde yo los había echado y habitarán en su tierra”. Jeremías 23:7 y 8. De acuerdo a los dichos proféticos, Israel actualmente y desde hace muchos años atrás, está abandonando las naciones donde habitò.  Miles y miles de sionistas están llevando a su tierra todos los conocimientos adquiridos en las naciones, para hacer de Israel un país competitivo.

Existen en la palabra de Dios infinidad de versículos que afirman el regreso de los judíos a su tierra, sin embargo, por falta de espacio enfocaremos dos citas bíblicas más, para reforzar esta parte.  “Pues los plantaré sobre su tierra y nunca más serán arrancados de su tierra que yo les di, así ha dicho Jehová Dios tuyo” Amós 9:15.

LA TIERRA RESTAURADA

Los profetas del Señor anunciaron la restauración de las ruinas de la tierra prometida; se terminaba también la desolación de esas tierras.  Con la llegada paulatina de los israelitas a la nación, iban entre otros, expertos en materia agrícola que coadyuvaron a la reforestación de las tierras.  La utilización de drenajes era imprescindible para el servicio de agua para toda la comunidad israelí.

Y es que la profecía de la reedificación de Canaán se cumpliría a su tiempo “Mas vosotros, oh montes de Israel, daréis vuestras ramas, y llevaréis vuestros frutos para mi pueblo Israel, porque cerca están para venir.  Porque he aquí, yo estoy por vosotros y a vosotros me volveré, y seréis labrados y sembrados y haré multiplicar sobre vosotros hombres, a toda la casa de Israel, toda ella, y las ciudades serán habitadas y edificadas las ruinas”. Ezequiel 36:8,9 y 10.  Como dijimos, entre los hebreos que retornaban a su tierra iban profesionales de las distintas ramas de la tecnología, y han aportado sus conocimientos para el desarrollo de la nación. Una vez plantados en su tierra, tal como ocurrió en la antigüedad, las naciones árabes (Esaú) los hostigaron y exigieron la devolución inmediata de la pequeña porción de tierra que ocupa Israel.  Para ese entonces, el pueblo judío contaba con un precario ejército; a la inversa, las naciones árabes poseían poderosos ejércitos formados por miles de elementos que amenazaban con destruir al indefenso pueblo sionista.  La gota que rebalsó el vaso fue la proclamación de la independencia del pueblo naciente de Israel.  Y fue precisamente ese mismo día que Israel celebraba con júbilo su libertad, fue atacado, como veremos más adelante, por las naciones de alrededor librando así la primera guerra.

LA INDEPENDENCIA DE ISRAEL Y LAS GUERRAS DESDE SU NACIMIENTO COMO NACION

El 29 de noviembre de 1947, tras múltiples disputas diplomáticas la asamblea general de las naciones unidas, aprobó el plan de partición de Palestina en dos estados –Judea y Samaria– uno judío  y el otro árabe.

Los judíos aceptaron el plan a pesar de no estar de acuerdo con los términos que determinaban la división de éstas dos porciones de la tierra producto de la herencia que Jehová había otorgado a Abraham y a su descendencia.  Por su parte el pueblo árabe rechazó esta partición, creyendo ser suya la totalidad de Palestina y calificó de absurda, impracticable e injusta la repartición. 

Viendo perdido el terreno diplomático, amenazaron con la guerra para defender según ellos, los territorios ocupados. 

Ezequiel había profetizado la partición de estas dos naciones.  Jehová a través del profeta hace un airado reclamo al pueblo árabe por pretender ser dueño absoluto de estos dos estados.  “Por cuanto dijiste las dos naciones y las dos tierras serán mías, y tomaré posesión de ellas; estando allí Jehová”. Ezequiel 35:10.  Recordemos que Jehová en el pacto realizado con Abraham, se había comprometido de mantener intacta la promesa hecha al patriarca, este ya no existe, pero el Señor mantiene su palabra, de allí su enojo por la división de Palestina.

Una vez que Israel tomó posesión de la pequeña porción de tierra que le habían asignado para vivir el 15 de mayo de 1948, celebró su independencia.  Con esa resolución de ser libres, terminaba el mandato británico sobre el pueblo sionista desde 1917 a 1948, con el retiro de todas sus tropas que allí habían permanecido.  Llegaba así el cumplimiento final predicho por el Señor Jesucristo “Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén  será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan”. Lucas 21:24. 

Israel al fin gozaba de libertad en su tierra que la defendería aun a costa de su propia vida.  Entonces palpaban en sus corazones los dichos proféticos del salmista “Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, seremos como los que sueñan.  Entonces nuestra boca se llenará de risa y nuestra lengua de alabanza; entonces dirán entre las naciones: Grandes cosas ha hecho Jehová con éstos.  Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros; estaremos alegres”. Salmo 126:1-3.  ¡Israel por fin era libre! Recordaban una y otra vez la cautividad que había empezado por manos del rey de Babilonia Nabucodonosor desde el año 584 A.C.  El sufrimiento que habían experimentado por siglos en las naciones cuando Jehová los había echado de su tierra.  De los millones de compatriotas que habían sido exterminados en los campos de concentración en Alemania en manos del sanguinario Hitler etc.  Sin embargo, sus eternos enemigos querían impedir a toda costa el nacimiento de aquel estado libre.  Ninguna nación podría evitar el nacimiento de Israel como un estado independiente.  Este acontecimiento lo habían predicho los videntes del Señor “Quien oyó cosa semejante? ¿Quién vio tal cosa? ¿Concebirá la tierra en un día? ¿Nacerá una nación de una vez? Pues en cuanto Sion estuvo de parto, dio a luz sus hijos” Isaías 66:8.

LA GUERRA DE 1948

En efecto, como lo dijo el profeta, Sion paria a sus hijos con dolor similar a una mujer, porque en ese mismo día de su independencia cinco estados árabes (Líbano, Siria, Jordania, Irak y Egipto) con poderosos ejércitos tanto en armamento como en efectivos, declaraban la guerra a la nación naciente.  En esta guerra que tuvo lugar durante los siguientes 15 meses (con varias treguas promovidas por la ONU) Israel derrotó a estas naciones y conquistó un 26% de las tierras, adicional del mandato británico.  En esta primera guerra los medios de comunicación de aquel entonces reportaron un testimonio de un sobreviviente árabe que había visto ángeles que peleaban por Israel.  En efecto, estas batallas las ha librado el pueblo judío capitaneado por Jehová de los ejércitos, por lo que las naciones del mundo no salían de su asombro que aquel pequeño ejército había derrotado cinco naciones poderosas. 

En este primer conflicto bélico, segùn la historia 100 mil refugiados palestinos quedaron en la porción de tierra que le fue concedida al pueblo semita.  Israel los acogió y hoy forman parte de esa nación.

A pesar de la derrota militar que sufrieron las naciones que atacaron a Israel, estos no se resignaron y continuamente se reunían en búsqueda de nuevas estrategias para echar a los que habían invadido “su tierra”. “Sobre tu pueblo han consultado astuta y secretamente, y han entrado en consejo contra tus escondidos.  Han dicho: venid y cortémoslos de ser pueblo y no haya más memoria del nombre de Israel.  Por esto han conspirado de corazón a una, contra ti han hecho liga los pabellones de los idumeos y de los ismaelitas, Moab y los agoreros” Salmo 83:3-6. Todos estos planes de agresión contra el pueblo de Dios condujo a la guerra de los 6 días.

LA GUERRA DE LOS 6 DÍAS

Según la historia Egipto movilizó 80 mil soldados en el Sinaí y ocupó las islas del golfo de Agaba.

Esta acción era una provocación abierta al pueblo judío que ponía en peligro la salida de los barcos israelíes al mar rojo.  En ese tiempo, Egipto, Siria e Irak firmaron un pacto de defensa mutua. 

El 5 de Julio de 1967, ante la negativa egipcia de desbloquear el golfo Agaba, Israel inició esta guerra y bombardeó la aviación

egipcia situada en la península del Sinaí. 

En los 6 días que duraron las hostilidades, Israel ganó la guerra y recuperó la franja de Gaza, Cisjordania, el Sinaí y la antigua Jerusalén.  En esta guerra el Señor le devolvió su Jerusalén amada cuna de sus ancestros.  En el muro occidental de la antigua Jerusalén Este, se ubica el muro de los lamentos donde los judíos oraron y lloraron haciendo votos que no se apartarían nunca más de ella.

Posterior a la guerra los líderes árabes e israelíes han realizado—a instancia de las naciones unidas— conversaciones en búsqueda de la paz, sin resultados positivos, cómo la que se realizó en años anteriores en la nación de Egipto.  Dice así la nota: “el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y Mahmud Abás, presidente de la autoridad nacional palestina; en búsqueda de soluciones que propicien la paz en el medio oriente”.  La misma nota explica la divergencia de intereses de ambas partes.  Las peticiones hechas por las naciones árabes imposibilitaron sin duda que se llegasen a acuerdos concretos.  En ese año, la nación árabe presentó tres solicitudes.  

La primera petición que hacen los palestinos es “que les permitan proclamar un estado soberano en el conjunto de los territorios ocupados por Israel en el año de 1967.  La vieja Jerusalén Este, toda Cisjordania y la franja de Gaza”.  ¡Imposible de ceder! Porque los territorios ocupados nunca han sido propiedad de éstos.  Los territorios ocupados forman parte de las tierras que Jehová prometió a Abraham y a su descendencia.  Por ejemplo:  Bethania según los evangelios, es la tierra natal de María, Marta y Lázaro.  Belén tierra natal de David y lugar de nacimiento de Jesús.  Hebrón lugar en donde están enterrados Abraham, Sara, Isaac, Rebeca, Lea y Jacob.  Jerusalén el lugar del templo donde David y Salomón gobernaron y donde Jesús murió y resucitó.

  Consideramos pues que por todo lo descrito arriba, Israel se negará a abandonar su tierra.

La segunda petición.  “El pueblo palestino exige la congelación de la colonización, que compromete la continuidad territorial del futuro estado árabe.  Desde ya han amenazado que una reanudación de las actividades de colonización marcará el fin de las conversaciones”.  Israel tampoco aceptará esta condición puesto que los judíos continúan llegando a la palestina, –como estudiamos–, la palabra de Dios se cumple en estos tiempos; el retorno de Israel a casa.  Por lo tanto, la colonización no se interrumpirá.

La tercera petición.  Así mismo, los palestinos “exigen que Israel reconozca un derecho al retorno de los refugiados en sus fronteras en conformidad con la resolución 194 de la asamblea general de la ONU.  Hay cuatro millones de refugiados palestinos, en su gran mayoría descendientes de unos 700 mil palestinos que huyeron o que fueron expulsados de sus tierras cuando se creó el estado de Israel en 1948”.  Israel rechazó categóricamente la aplicación de este “derecho al retorno”, y pide que se garantice que la cuestión de los refugiados sea resuelta en el marco del futuro estado palestino.  Es más, cuando se originó la partición de las tierras de Palestina, a Israel se le concedió el 23% de ese territorio y a los árabes el 77% de la tierra de Canaán.  Por lógica, tienen mucho más espacio territorial para albergar a sus hermanos palestinos.

A la fecha, esta misma agenda de peticiones de los palestinos se mantienen intactas.

A pesar de la insistencia de los países árabes y de otras naciones afines,  que Israel desocupe los “territorios ocupados”, esta nación no va conceder sus exigencias por razones bíblicas e históricas que los respaldan como dueños legítimos de esas posesiones.  En este contexto, el presidente iraní Ahmadineyad resume que “las conversaciones de paz están por demás, el fin es destruir a Israel”. Y ese sentimiento de odio contra Israel se ha alimentado a través de las generaciones hasta el presente.    

El apóstol Pedro explica que el Señor es paciente con todos no queriendo que ninguno perezca.  2da de Pedro 3:9, y el pueblo árabe no es la excepción.  El salmista hablando de las tiendas de los edomitas, ismaelitas, moabitas etc, que forman los pueblos árabes los induce a buscar al Señor.  Salmo 83:5,6,7 y 16.  Sin embargo, estos siguen profiriendo amenazas contra sus vecinos, y dichas injurias han llegado hasta los oídos del Eterno “Y sabrás que yo Jehová he oído todas tus injurias que proferiste contra los montes de Israel diciendo: destruidos son, nos han sido dados para que los devoremos”. Ezequiel 35:12.

Esa aversión desencadenó  otro conflicto bélico: La Guerra de Yom Kipur .

Continuará…

LA IGLESIA DE DIOS Y SU TEMATICA

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