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“Porque en esperanza somos salvos; más la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo?”

Romanos 8:24

INTRODUCCIÓN

Apreciable lector:

Confiamos que al leer este artículo descubra la realidad de la vida perecedera de este tiempo y la vida venidera, no fugaz, que está preparada para usted que desea encontrarse con su dador: Jesucristo.

Que este año 2023, entre sus proyectos de vida resalte el rendir cuentas a Dios, reconociendo su condición delante de El, como está escrito: “Venid luego, dice Jehová, y estemos á cuenta: Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve será emblanquecidos: si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana”. Isaías 1:18.

Todos consentimos en nuestro ser alguna esperanza de alcanzar un determinado fin.

Muchos países de acuerdo a la calidad de vida que producen, han establecido estándares de vida de sus habitantes.   Por ejemplo Japón mantiene una media de 84 años; Guatemala mantiene una esperanza de vida de 72 años.

Para otros,  son otros elementos que fortalecen la esperanza. Luchan con afán por agenciarse de riquezas a través de sus empresas,

lo cual constituye una esperanza que alimenta un porvenir próspero. 

Incluso en la actualidad existen medios motivacionales y terapéuticos para las personas que han perdido la esperanza por alguna frustración en la vida; sentimental, laboral, social, entre otros.  O sea, que tenemos una sociedad ansiosa inmersa por su bienestar económico y comunitario.  Este escenario que “pintamos” como antesala la cual está basada la esperanza, es congruente; sin embargo, efímera: “Porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”. Lucas 12:15.  El diccionario define un bien como: “Un objeto material o servicio inmaterial, cuyo uso produce cierta satisfacción de un deseo o necesidad”.  De lo expuesto por el Maestro y el concepto vertido, podemos separar estos dos elementos: Lo material e inmaterial.  Sobre este punto el apóstol Pablo es preciso: “No mirando nosotros las cosas que se ven-lo material- pues las cosas que se ven son temporales.  Pero las cosas que no se ven-intangible e invisible- son eternas”. 2da Corintios 4:18.  De estos dos componentes-lo que se ve, y lo que no se ve- ¿Dónde cifra usted la esperanza?  ¿Cuál es su ilusión del mañana?

¿Qué es lo que vemos? Un sol radiante, la atmosfera que protege la vida del planeta, la luna con su brillo nocturno, las estrellas que alumbran el firmamento; el cosmos o universo.  El cosmos es según la definición griega, “la parte que se utiliza para nombrar todas las cosas creadas; el sistema solar y el conjunto de planetas que lo forman”.

 Todas las partes que enlistamos fueron creadas para proporcionarnos un servicio o beneficio temporal.  Todos los elementos descritos que contemplan nuestros ojos serán fundidos:

“Y cuando te haya extinguido, cubriré los cielos y haré entenebrecer-oscuridad, tenebroso- las estrellas, el sol cubriré con nublado

y la luna no dará su resplandor.  Haré entenebrecer todos los astros del cielo”. Ezequiel 32:7 y 8.

Entre las cosas que no se ven, figura Satanás, en su calidad de espíritu, ¿es indestructible? Si apelamos a la definición griega del cosmos que todas las cosas creadas son perecederas, Satanás es una creación.  Ezequiel 28:13, que por su maldad y la de sus ángeles serán destruídos: “Entonces dirá a los de su izquierda: apartaos de mí, malditos, al fuego eterno que ha sido preparado para el diablo y sus ángeles”. Mateo 25:41.

Ahora bien, ¿cuáles son las cosas que no se ven? Por ejemplo: Dios-Romanos 16:26- ;Su poder- 1ra Timoteo 6:16- el Espíritu santo-Hebreos 9:14.  Dios, insistimos, creó a través de su Hijo todas las cosas visibles e invisibles: “Porque por él fueron creadas todas las cosas que están en los cielos, y que están en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades”. Colosenses 1:16.  Sin embargo, reiteramos, tanto el primer cielo-donde está la atmosfera- como el segundo cielo-donde permanecen los astros y todo el sistema planetario-serán eliminados.

También así los tronos que sirven de asiento a reyes, presidentes y más; los dominios-supremacía en cuanto al poder, la autoridad, la fuerza, que se tiene sobre algo-.

Y los principados-es una forma de gobernar en la que el jefe de Estado es un príncipe- son efímeros; serán removidos: “La voz del cual entonces conmovió la tierra; más ahora ha denunciado, diciendo: Aún una vez yo conmoveré no solamente la tierra, más aún el cielo.  Al decir, una vez más, se entiende que quitará las cosas creadas, lo que puede ser movido, para que permanezca lo que no puede moverse”. Hebreos 12:26 y 27.  El escritor a los Hebreos establece claramente que nuestra esperanza del mañana no están en todas las cosas creadas. Debemos cifrar nuestra esperanza en las cosas que no se ven, porque nos proveen vida después de la muerte: “De cierto, de cierto os digo: el que oye mi palabra y cree al que me ha enviado tiene vida eterna y no vendrá a condenación, sino que ha pasado DE MUERTE A VIDA”. Juan 5:24.  Para alcanzar esta victoria debemos apostar por las cosas que no se ven: “Es pues la fe la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven”. Hebreos 11:1.

Imitemos a Moisés que antepuso su fe a las cosas que no se ven, por las riquezas materiales: “Por fe Moisés, ya hecho ya grande, reusó ser llamado hijo de la hija de Faraón.  Escogiendo antes de ser afligido con el pueblo de Dios, que gozar de comodidades temporales del pecado.  Teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque miraba a la remuneración.  Por fe dejó Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo AL INVISIBLE”. Hebreos 11:24-27.  ¿Cuánto pudo haber disfrutado el joven Moisés como príncipe de Egipto? Hijo del rey con grandes privilegios acorde a su realeza; riquezas, mujeres y gloria.   ¿Habría algún mortal el que resistiera a ese gran honor conferido por el rey? Moisés renunció a todo lo temporal de esta vida y desafió el prominente futuro que Egipto le brindaba; ante  todo lo perecedero de esta vida, fue en pos de una vida después de la muerte.  Marchó tras el invisible; no obstante, el sufrimiento y humillación de haber sido expulsado y degradado por el gobierno egipcio:

cumple con la gran misión de liberar al pueblo de Dios de la esclavitud egipcia de 430 años.  Comisión difícil, si reconocemos que

lidió con el propio rey que lo había rodeado de amor paterno-sentimiento tierno y poderoso que inclina a un padre hacia su hijo-.  Prácticamente se enfrentaba a su padre adoptivo y a su hija que lo había salvado de las aguas del Nilo, siendo bebé, y lo acogió con el nombre de Moisés, Éxodo 2-1-10.

Como corolario de esta misión, Dios liberaba de manos de Moisés ¡más de 600 mil hombres!-Éxodo 12:37- motor y progreso de Egipto de mano de obra.  Prácticamente era aniquilada la economía de esa pujante nación.

¿Qué moraleja nos deja este episodio? Dios vio con agrado la renuncia de Moisés a los bienes fugaces y la fe puesta en su persona-el invisible-entonces, le da el poder de liberar a su pueblo.  El apóstol Pablo refrenda el sentimiento de Moisés: “Porque en esperanza somos salvos; más la esperanza que se ve no es esperanza…” Romanos 8:24.  ¿Por qué tanta angustia en esta efímera vida con todos sus componentes?.  He aquí, la exhortación divina: “Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Mateo 6:33.  “Y todo lo demás será añadido”.   ¿Que significa esta promesa del Hijo de Dios? Que junto a su conversión viene de lo alto la ayuda material que necesita para vivir.  Y  agrega: “Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente”. Juan 11:26.  Vea la promesa del Eterno que paralelo a los beneficios tangibles viene la vida eterna.  ¡Asegure su salvación! Cristo espera por usted

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