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“Los cielos son los cielos de Jehová; y ha dado la tierra a los hijos de los hombres”. Salmos 115:16

Por  Enrique Gordillo Mazariegos

Este estudio ha causado polémica universal entre los distintos sectores evangélicos y en el seno de la iglesia católica romana.  Las divergencias doctrinales que rodean esta exposición, ha sido una de las causas para que las distintas exegesis interpreten a su manera, muchas veces en forma aislada los escritos divinos.  Los siervos de Dios que escribieron las Sagradas Escrituras, desde el Génesis hasta Revelación, usaron muchos símbolos, cuya interpretación encierra una enseñanza o verdad escritural que solo se puede interpretar con la asistencia del Espíritu Santo.

Esta temática encierra una interesante simbología que debemos tratar con rigurosidad a fin de que entendamos su verdadera connotación.  La iglesia de Dios trata este controversial punto ajustada a los cánones divinos, a fin de explicar su contenido en una forma clara, sencilla y comprensible.

La interrogante de nuestro estudio ¿En que lugar será el Reino de los santos? ¿En el cielo o en la tierra? Es una creencia generalizada que los que fallecen van a encontrarse con el Señor a los cielos.  Además, el 99% de las iglesias evangélicas en sus exposiciones afirman que el Reino del Señor con sus escogidos se llevará a cabo en las esferas celestiales.  ¿Aprueba la palabra de Dios estas teorías? ¿Es el cielo nuestra última morada donde gozaremos de la presencia del Señor? Si no es el cielo,¿ Dónde reinará el Señor con su iglesia? 

En esta exposición analizaremos los puntos en discordia que en apariencia afirman que el Reino del Señor Jesucristo será establecido en los cielos.  “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna en los cielos” 2da Corintios 5:1.  

Al analizar este texto aisladamente, se piensa que esa casa o edificio que pronuncia Pablo se refiere a la eternidad.  Sin embargo, el versículo 2 de este capitulo nos aclara el verdadero sentido a lo cual el apóstol se refiere.  “Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial—edificio, casa, etc—.  Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo—cuerpo—gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida” 2da de Corintios 5:1 y 4.  Y otra vez: “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad” 1ra de Corintios 15:53.  El apóstol Pablo ni siquiera insinúa en esta parte que tuviésemos un edificio, casa, o mansiones en los cielos para reinar allí; nos está refiriendo a la vida eterna que poseeremos a través de la inmortalidad. 

Es esa nuestra herencia que está reservada en los cielos.  “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo que según su grande misericordia nos ha regenerado en esperanza viva, por la resurrección de los muertos, para una herencia incorruptible, y que no puede contaminarse, ni marchitarse reservada en los cielos”. 1ra de Pedro 1:3 y 4.  En efecto, nuestra vida mortal se deteriora, se marchita, sin embargo, la vida que está reservada en los cielos es eterna.  “Vuestra vida está escondida con Cristo—en los cielos—en Dios.  Cuando Cristo vuestra vida se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con el en gloria” Colosenses 3:3 y 4.  La Versión al Día, expone este punto de una manera contundente… “Su verdadera vida está en el cielo con Cristo y Dios.  Y cuando Cristo, que es la vida de ustedes regrese, resplandecerán con El y participarán de su gloria”.  Las dos versiones aludidas refieren de la trasformación de gloria que experimentarán sus siervos, cuando el Hijo de Dios retorne a este planeta, y traiga consigo ese hermoso galardón de vida eterna que está escondido en los cielos; cuyos herederos serán los santos del Altísimo. “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con El, para que juntamente con E l s e a m o s g l o r i f i c a d o s ” R o m a n o s 8 : 1 7 .

Volviendo al versículo 2 del capitulo 5 de 2da de Corintios, el apóstol implora por su trasformación terrenal a la celestial, a través de la inmortalidad que lo conducirá a la vida eterna.  Esa súplica de revestimiento celestial la hizo sentir también en la carta a los Romanos… “Y los creyentes también gemimos aunque tenemos al Espíritu Santo en nosotros como una muestra anticipada de la gloria futura.  Porque anhelamos que nuestro cuerpo sea liberado del pecado y del sufrimiento.  Nosotros también deseamos con una esperanza ferviente que llegue el día en que Dios nos dé todos nuestros derechos como sus hijos adoptivos, INCLUÍDO EL NUEVO CUERPO QUE NOS PROMETIÓ”. Romanos 8:23 NTV.

Paralelo a la liberación del cuerpo—de lo terrenal a lo celestial—Pablo hace también referencia del sufrimiento y liberación de nuestro planeta. 

“Porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción—depravación, contaminación, degeneración etc—a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.  Porque sabemos que toda la creación—naturaleza, tierra, planeta, etc—gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora” Romanos 8:21 y 22.  Esta parte la estudiaremos al final de este estudio, y usted se sorprenderá de la compatibilidad de los hijos de Dios glorificados con la tierra liberada. 

Volviendo a Romanos 8:23  Pablo, anhelaba ese revestimiento que lo libraría de todos los sufrimientos del cuerpo, que ya había servido para los propósitos de Dios.  Su obra en favor de las almas perdidas fue incansable; por eso, en una de sus cartas expone: “Para mi el vivir es Cristo y el morir es ganancia” Filipenses 1:21.  Así, esa casa o habitación celestial que revestirá a los siervos del Señor en la segunda venida gloriosa del Hijo de Dios, es una figura de ese grandioso evento y no se trata de mansiones o casas literales como expone el sector evangélico; pensar así es una forma materialista y anti escritural.   

“GOZAOS Y ALEGRAOS PORQUE VUESTRO GALARDON ES GRANDE EN LOS CIELOS…”  Mateo 5:12

Antes de analizar brevemente esta parte, conozcamos los sinónimos de galardón—premio, distinción, trofeo, honor, condecoración etc—.

Es muy frecuente hoy día observar por los distintos medios de comunicación a algunas celebridades que son galardonadas o premiadas, una vez que sus legados—artísticos literarios, científicos, etc—benefician a la humanidad.

En el plano espiritual, los esforzados hijos de Dios serán galardonados en aquel día;  aquí surge la interrogante ¿En donde? ¿En el cielo o en la tierra? El salmista David anhelaba ese hermoso galardón.  “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; los mandamientos de Jehová son rectos que alegran el corazón, en guardarlos hay grande galardón”. Salmo 19:7, 8 y 11.  David sabía perfectamente que esta distinción estaba reservada en los cielos.  Este también era el sentir del patriarca Job.  “Porque ¿Que galardón me daría de arriba Dios, y que heredad del Omnipotente desde las alturas?” Job 31:2.  En esta parte Job hace hincapié de dos puntos importantes: Primero: que ese premio o condecoración, ciertamente permanece en los cielos.  Segundo: que el patriarca asume que ese honor que le será conferido constituye su herencia, que no se contamina ni marchita, reservada en los cielos, 1ra de Pedro 1:3 y 4.

El testimonio de Moisés: “Por la fe Moisés, hecho ya grande reusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenia puesta la mirada en el galardón”. Hebreos 11:24 y 26.

De los siervos del Señor descritos en esta parte, ¿Alguno de ellos ha recibido la condecoración o herencia? Definitivamente no.  Nadie puede afirmar que algunos de los redimidos del Eterno hayan recibido tal distinción, y menos aún que la estén disfrutando en los cielos.  El revelador es enfático y describe en que momento el Señor condecorará a sus siervos.  “He aquí yo vengo presto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra” Apoc 22:12.  Será entonces hasta el segundo retorno glorioso de nuestro Señor Jesucristo a la tierra, otorgue ese ansiado galardón o premio para sus escogidos, como lo explica Pablo a los Colosenses.  “Sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís”. Colosenses 3:24.

Ese galardón, como hemos expuesto, no es más que la herencia de la vida eterna, que es el fin supremo por lo cual los hijos de Dios lidian incansablemente por obtenerla .

“LUEGO NOSOTROS LOS QUE VIVIMOS, LOS QUE HAYAMOS QUEDADO; SEREMOS ARREBATADOS JUNTAMENTE CON ELLOS EN LAS NUBES PARA RECIBIR AL SEÑOR EN EL AIRE, Y ASÍ ESTAREMOS SIEMPRE CON EL SEÑOR”. 1ra de Tes. 4:17

Este trozo aludido también ha sido objeto de falsas interpretaciones, por cuanto afirman, los teólogos modernos, que una vez se produzca la primera resurrección—la de los justos—estos reciben al Señor en el aire y posteriormente retornan con El a los cielos.  Por eso es imprescindible estudiar el itinerario del Señor, una vez que abandone los cielos con destino a este planeta. 

El profeta Isaías describe el trayecto del Señor a esta tierra.  “Y vendrá el Redentor a Sion…” Isaías 59:20.  ¿Porque en ese recorrido posa sus pies primero en Sion? “La luna se avergonzará y el sol se confundirá cuando Jehová de los ejércitos reine en el monte de Sion”. Isaías 24:23.  Es en ese lugar donde los redimidos le darán la bienvenida, sin embargo, su itinerario no es el retorno al cielo, sino que hará presencia en Jerusalén para combatir a las naciones que pelearán contra su pueblo Israel.  “Y luego todo Israel será salvo, como está escrito: VENDRÀ DE SIÒN el libertador, que apartará de Jacob la impiedad.  Y este será mi pacto con ellos cuando yo quite sus pecados”. Romanos 11:26-27.  En ese trayecto posará sus pies sobre el monte de los Olivos. El versículo 5 de este capitulo nos proporciona un relato sorprendente…”Y vendrá Jehová mi Dios, y con El todos los santos…” Zacarías 14:5.  Resalta  en este punto que los redimidos del Señor Jesucristo presenciaran la batalla que sostendrá contra los pueblos que atacarán a Israel.  Destaca también el retorno del Señor con sus escogidos a Sion—lugar donde recibirán al Señor—, una vez que Jesucristo derrote a las naciones enemigas.  “Y los redimidos de Jehová VOLVERÁN, y vendrán a Sion con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido”. Isaías 35:10.  Una vez que el profeta habla de volver es porque los santos del Altísimo ya estuvieron en ese lugar, y su retorno será para compartir las delicias del Reino que se establecerá en Sion. Isaías 24:23.  

Bíblicamente queda descartado  que el Señor Jesucristo retorne al cielo una vez que los suyos le den la bienvenida.

“Y EL SEÑOR ME LIBRARÁ DE TODA OBRA MALA, Y ME PRESERVARÁ PARA SU REINO CELESTIAL”. 2da Timoteo 4:18

El apóstol Pablo durante su ejercicio ministerial procuró siempre guardarse del mal.  Su propósito era firme, no claudicar.  Mantuvo hasta el final su integridad delante del Eterno, no obstante, soportar tanto sufrimiento y durísimas pruebas que le impuso la vida.  Al final pudo decir con solvencia.  “He peleado la buena batalla he acabado la carrera, he guardado la fe.  Por lo demás me está guardada la corona— gloria, honor, reino, premio, galardón, recompensa, etc—de justicia, la cual me dará el Señor juez justo en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida”. 2da Timoteo 4: 7 y 8.  El apóstol sabía todo el proceso después de su muerte para que al final formara parte del Reino celestial.  “Así también es la resurrección de los muertos, se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción”. 1ra de Corintios 15:42.  Para entender mejor esta parte leamos este mismo versículo en la versión al Día.  “De igual manera, nuestros cuerpos terrenales, que morirán y se descompondrán, son diferentes de los cuerpos que tendremos cuando resucitemos, porque éstos no morirán jamás”.

La Enciclopedia Encarta hace referencia a esta parte. “En biología, el término corrupción o descomposición refiere a la reducción del cuerpo de un organismo o formas más simples de materia.  Aunque no hay dos organismos que se descompongan de la misma forma, todos sufren las mismas etapas secuenciales de descomposición”.  De allí la afirmación paulina que se siembra en corrupción—descomposición de nuestro cuerpo—y se resucita en incorrupción, es decir un cuerpo trasformado, eterno etc, como lo dejó sentir el apóstol en el versículo 49 del capitulo 15 de 1ra de Corintios.  “Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial”.  Así, todos los que tengan parte en la primera resurrección serán figuras celestiales—para el Reino celestial— similares a los ángeles. “Porque cuando resuciten de los muertos, ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles que están en los cielos”. Marcos 12:25.

“Y YO JUAN VI LA SANTA CIUDAD, LA NUEVA JERUSALÉN, DESCENDER DEL CIELO DE DIOS DISPUESTA COMO UNA ESPOSA ATAVIADA PARA SU MARIDO”. Revelación 21:2

Esta exposición esta  ampliamente explicada en el tema “El Reino Milenial y la Eternidad”.  Sin embargo, haremos una breve reseña del Reino Celestial que se establecerá en esta tierra.  El revelador nos da la pauta sobre esta temática.  “Después se acercó a mi uno de los siete ángeles de las siete copas llenas con las siete últimas plagas, y me dijo: ven que voy a mostrarte la novia esposa del cordero.  Entonces según la visión espiritual, me colocó en un cerro grande y elevado y me mostró la Ciudad Santa Jerusalén que bajaba del cielo del lado de Dios”. Revelación 21:10. Versión Latinoamérica.  Los teólogos modernos aducen que la Ciudad Santa de Jerusalén—que describe Juan—es literal, sin embargo, Juan es enfático al exponer que contempló esta bella Ciudad Celestial a través de una visión espiritual—inmaterial, incorpóreo, intangible, etc—.  El Señor permite a Juan adoptar la figura de Jerusalén para manifestar su celebridad que han de disfrutar sus hijos una vez que sean transformados y glorificados.  “Cuando Cristo nuestra vida—eterna—se manifieste entonces nosotros también seréis manifestados con El en gloria” Colosenses 3:4.  Entonces se cumplirán los dichos paulinos.  “Cual el terrenal, tal es también los terrenales; y cual el celestial, también los celestiales.  Así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial” 1ra de Corintios 15:48 y 49.  Este es el anhelo de los verdaderos siervos de Dios, alcanzar la patria celestial. “Pero anhelaban una mejor, esto es celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad—la gloriosa Jerusalén espiritual— “ Hebreos 13:16.

Quizá usted que lee esta exposición no conciba que el Reino del Señor Jesucristo lo formen figuras celestiales; puesto que las creencias tradicionales lo han orientado a creer que el Reino de los redimidos serán  seres humanos que degustarán las delicias en la eternidad.  Sin embargo, queremos hacer énfasis en dos puntos importantes.  Primero: “Que la carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios”. 1ra de Corintios 15:50.  Segundo: La palabra de Dios se debe examinar espiritualmente.  “Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido; lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu acomodando lo espiritual a lo espiritual.  Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios porque para el son locura y no las puede entender, porque se han de discernir—percibir, entender, distinguir etc—espiritualmente” 1ra de Corintios 2:13 y 14.

“Y A LA CONGREGACION DE LOS PRIMOGENITOS QUE ESTAN ALISTADOS EN LOS CIELOS, Y A DIOS EL JUEZ DE TODOS, Y A LOS ESPIRITUS DE LOS JUSTOS, HECHOS PERFECTOS”. Hebreos 12:23

La versión Latinoamérica traduce nuestro subtitulo así: “Ustedes llegarán a la fiesta solemne, la asamblea de los primogénitos nacidos de Dios, cuyos nombres están inscritos en el cielo”. Hebreos 12:23.

Deseamos referirnos en esta parte, según el canon divino, a los nombres de los redimidos que están inscritos en los cielos.  Desde la antigüedad Jehová declaró a Moisés del registro de los escogidos, cuyos nombres están en el libro de la vida.  He aquí el relato de Éxodo. 

“Que perdones ahora su pecado, y si no ráeme ahora de tu libro que has escrito. 

Y Jehová respondió a Moisés: al que pecare contra mi a este raeré  yo de mi libro”. Éxodo 32:32 y 33. 

En esta breve conversación que sostuvo Moisés con Jehová, se perciben dos puntos importantes primero: que en verdad existe un registro en los cielos, en cuyo sitio están inscritos los nombres de los escogidos del Señor.  Segundo: que todos los que están registrados están condicionados.  En este sentido, el Señor es determinante… “Al que pecare contra mi, a este raeré—quitar, extirpar, etc—de mi libro”.  Por lo cual la consigna de cada siervo del Altísimo es ser fiel.

De este registro del libro de la vida, Pablo hace referencia.  “…Y así mismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús”.  El diccionario Encarta nos proporciona algunos sinónimos.  Sentar: inscribir, registrar, asentar, etc.  El libro del evangelista Juan nos refiere este singular evento.  “Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad—autonomía, poder, imperio, etc—de ser hechos hijos de Dios” Juan 1:12.

Estudiemos Filipenses 3:20 en la versión antigua.  “Más nuestra vivienda es en los cielos de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo”.  En esta parte Pablo emplea el vocablo vivienda que es igual a: casa, edificio, etc, que se estudió en la referencia anterior— 2da Corintios 5:1—.  Sin embargo, la versión revisada en su traducción expone: “Más nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo”.  Ahora bien, ¿Que significa ser ciudadano? “Ser ciudadano de un país significa contraer obligaciones y derechos para el desarrollo de la nación.  Uno de los requisitos, por ejemplo, que la nación estadounidense exige, para todo aquel que aspira en convertirse en ciudadano americano es aceptar los principios de la constitución de aquel país”.  Fuente: Enciclopedia Encarta.  Así, una vez que el siervo de Dios cumple con todos los requisitos que la biblia—constitución—demanda se convierte en nuevo ciudadano y su nombre es registrado en los cielos.  “Regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos”. Lucas 10:20.  Ese debe ser nuestro mayor gozo de ser hechos hijos del Soberano Dios y tratar de conservar nuestro nombre inscrito en el libro de la vida.  “El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida”. Revelación 3:5.  Continuará…

LA IGLESIA DE DIOS Y SU TEMATICA

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