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“De cierto, te digo hoy, estarás conmigo en el paraíso”. Lucas 23:43. Versión Antigua

Por  Enrique Gordillo Mazariegos

Antes de estudiar la segunda parte y final de esta exposición haremos un sumario del contenido de la primera parte  “¿En que lugar será el Reino de los santos? ¿En el cielo o en la tierra? Tratamos, según los cánones divinos los símbolos que contienen un mensaje.  Por ejemplo, en los escritos paulinos encontramos la figura de edificio, casa, etc, no hecha de manos, eterna en los cielos. 2da de Corintios 5:1.  Dicha habitación celestial revestirá de gloria y vida a los siervos del Señor en la primera resurrección.  2da Corintios 5:1 y 4; 1ra Corintios 15:53.

Hicimos hincapié de la trayectoria de nuestro Salvador Jesucristo—en su segundo retorno a esta tierra—cuyo descenso será primeramente en Sion. Isaías 59:20.  Posterior a este evento hará presencia en Jerusalén donde peleará contra las naciones que atacaran a Israel. Zacarías 14:2 y 3. 

Pasada la guerra volverá con sus redimidos a Sion lugar donde reinará. Isaías 35:10; 24:23.  

Es de destacar también el descenso a la tierra de la Santa Ciudad la nueva Jerusalén, que se presenta como una esposa ataviada para su marido. Revelación 21:2.  Dicha ciudad es espiritual y representa la gloria que disfrutarán los hijos de Dios. Colosenses 3:4; Hebreos 13:16.

Finalmente la palabra de Dios nos relata que nuestros nombres están escritos en los cielos. Hebreos 12:23.  Sin embargo, todos los que están registrados están condicionados. Éxodo 32:33.  Por eso mismo el pueblo de Dios está llamado a practicar la fidelidad para obtener su herencia en el Reino. Revelación 3:5.

Continuando con el desarrollo de esta temática, veamos los escritos del evangelista Juan. 

“EN LA CASA DE MI PADRE MUCHAS MORADAS HAY; SI ASÍ NO FUERA, YO OS HUBIERA DICHO; VOY PUES, A PREPARAR LUGAR PARA VOSOTROS.  Y SI ME FUERE Y OS PREPARARE LUGAR, VENDRÉ OTRA VEZ Y OS TOMARÉ A MI MISMO PARA QUE DONDE YO ESTOY, VOSOTROS TAMBIÉN  ESTÉIS”. Juan 14:2 y 3

Los versículos aludidos los han utilizado el sector católico y evangélico para seducir a los creyentes que en el cielo existen moradas celestiales y en cuyo lugar se establecerá el Reino.  ¿La palabra de Dios aprueba esta teoría? ¿Cómo explica los arcanos divinos el sentido real que Jesucristo dio en esta declaración a sus discípulos?

El Análisis

Estudiaremos estos textos por partes para su mejor comprensión.  “En la casa de mi Padre muchas moradas hay…” Analizaremos primero el significado de casa. 

En la era de los reyes Salomón construyó la casa de Jehová, en cuyo lugar Dios recibiría sacrificios y alabanzas.  “Yo por tanto, he determinado ahora edificar casa a nombre de Jehová mi Dios, según lo que Jehová habló a David mi padre, diciendo: tu hijo, a quien yo pondré en lugar tuyo en tu trono, El edificará casa a mi nombre” 1ra Reyes 5:5.  Esta casa serviría exclusivamente para la adoración del Dios Eterno “Y respondiendo Ezequías dijo: vosotros os habéis consagrado, ahora a Jehová; acercaos pues, y presentad sacrificios y alabanzas en la casa de Jehová” 2da Crónicas 29:31.

En el nuevo testamento Jesucristo ratifica lo expuesto por los siervos de antaño.  “Y les dijo: escrito está: mi casa, casa de oración será llamada”. Mateo 21:13.

Finalmente el Señor Jesucristo hace una narración del caso de David que sintiendo hambre entró al templo de Dios a comer los panes de la preposición, y explica: “como entro en la casa de Dios” Marcos 2:25 y 26.   Una vez que hemos entendido en una forma clara y breve el significado de casa o templo donde el Eterno es adorado por su pueblo, precisa encontrar el significado de las moradas.  En este contexto David nos hace una interesante reseña.  “Del rio las corrientes alegran la ciudad de Dios, el santuario—iglesia,  templo etc—de las moradas del Altísimo” Salmo 46:4.  ¿Cuál es el sentido escritural de las moradas que expone el salmista?  Según la enciclopedia Encarta expone algunos sinónimos de morada—casa, hogar, residencia, vivienda, mansión etc—.  Sin embargo, registra otro sinónimo por demás interesante: morada igual a estancia; partiendo de este concepto entendemos que morada es sinónimo de lugar, en donde alguien reside.  Así se explica que una vez el Señor afirma que en la casa—templo, iglesia, etc—de su Padre hay muchas moradas— lugares que ocupan sus siervos—.  “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida.  Y en la casa de Jehová moraré por largos años” Salmo 23:6.  Y otra vez: “Los que son de tu grey han morado en ella”. Salmo 68:10.

…”Voy pues, a preparar lugar para vosotros…” Juan 14:2.  

El Varón de dolores había prometido a su iglesia moradas que estaban establecidas en la casa del Padre—su iglesia—.  Sin embargo, tendría que aparejar este lugar para sus redimidos.  ¿En que forma se llevaría a cabo esta grandiosa misión?  En la antigüedad el pueblo de Israel expiaba sus pecados a través de sacrificios de animales limpios como ofrenda a Jehová.  “Y sobre sus cuernos—de la victima expiatoria—hará  Aarón expiación una vez en el año con la sangre del sacrificio por el pecado para expiación; una vez en el año hará expiación sobre él por vuestras generaciones; será muy santo a Jehová”. Éxodo 30:10.  En este mismo contexto el escritor a los Hebreos expone.  “Y casi todo es purificado, según la ley con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión—perdón, absolución, indulto, etc—. Hebreos 9:22.  Nuestro Redentor Jesucristo, como cordero sin mancha tenía que inmolarse para la expiación del pecado de todos nosotros.  Fue en la cruz del calvario— Juan 19:17 y 18—a través de múltiples sufrimientos y espantosa agonía y muerte—donde el Señor preparó lugar para su iglesia. 

Para ejemplificar este caso, veamos brevemente la parábola del buen samaritano.  “Y respondiendo Jesús dijo: un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole se fueron dejándole medio muerto.  Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole pasó de largo. Así mismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo.

Pero un samaritano que iba de camino, vino cerca de él; y viéndole fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándole aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura lo llevó al mesón y cuido de él” Lucas 10:30-34.  De este relato haremos énfasis en el versículo 34.  “Y acercándose, vendó sus heridas, echándole aceite y vino”.  ¿Cuáles heridas? “Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas ni vendadas ni suavizadas con aceite”. Isaías 1:6.  Esta era la condición en que se encontraba el hombre de la parábola, figura representativa de la humanidad pecadora y muy distante del Señor.  Sin embargo, el Señor— como explica esta narración—gracias a su sacrificio, regenera al hombre y sana esa podrida llaga—el pecado—con aceite y vino.  Este último elemento es símbolo de su sangre. Mateo 26:27 y 28. Luego el aceite es una representación de la consagración de sus siervos.  “Esto es lo que harás para consagrarlos, y luego tomarás el aceite de la unción, y lo derramarás sobre su cabeza y le ungirás”. Éxodo 29:1 y 7.

Una vez que el Señor cura las heridas del pecado en el hombre, es trasladado al mesón—albergue, posada, etc—es decir, le proporciona una de tantas moradas que hay dentro de su casa—templo, iglesia, santuario, etc—.

“Y SI ME FUERE Y OS PREPARARE LUGAR VENDRÉ OTRA VEZ, Y OS TOMARÉ A MI MISMO, PARA QUE DONDE YO ESTOY VOSOTROS TAMBIÉN ESTÉIS”. Juan 14:3

La primera parte de este versículo—Y si me fuere y os preparare lugar— el Hijo de Dios está ratificando el sacrificio que hiciera en la cruz del calvario, en favor de sus siervos. 

Estudiemos la parte siguiente de este trozo.  “Vendré otra vez, y os tomaré a mi mismo”.  En su segundo retorno a esta tierra, Jesucristo toma para sí su iglesia que compró con su sangre.  “Porque habéis sido comprados por precio”. 1ra Corintios 6:20.

Estudiemos la última parte de este versículo. “Para que donde yo estoy vosotros también estéis”.  Algunos traductores en sus frenéticos deseos de ir al cielo han modificado el verbo en su tiempo presente “estar” por “esté—tiempo futuro—” , y esto cambia totalmente el verdadero sentido que Jesucristo expone en este versículo, y seducen sutilmente a las personas a creer que el reino del Señor será en el cielo.  Sin embargo, la mayoría de las versiones bíblicas exponen. “Para que donde yo estoy, vosotros también estéis”.  En este contexto el Hijo de Dios está hablando en tiempo presente—modo indicativo del verbo estoy— afirma en ese momento su presencia en esta tierra junto con sus redimidos; en otras palabras, según el enunciado de Jesús está indicando que en su segundo retorno glorioso su Reino será establecido en este planeta.

Finalmente estudiemos los versículos 4 y 5 del capitulo 14 de Juan.  “Y sabéis a donde voy, y sabéis el camino”.  Cuando se lee este texto aisladamente, da la impresión que el Maestro está invitando a sus seguidores a tomar el camino al cielo; sin embargo a raíz de la interrogante de Tomás, que como podían saber el camino—verso 5—Jesús les dijo: “Yo soy el camino la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí”.  Tampoco en esta parte el Señor ofrece a sus discípulos otorgar el cielo como recompensa, sino que se identifica como mediador de su iglesia.

Y es que el Señor en todo su santo ministerio negó siempre la ascensión de sus siervos al cielo, una vez fallecidos… “Nadie subió al cielo”. Juan 3:13.  Siglos antes que el Señor fundara su iglesia en el año treinta en Jerusalén, existieron hombres y mujeres de fe que con tesón dedicaron su vida en favor de su santa causa hasta la muerte; sin embargo, ninguno de ellos disfruta ahora las delicias de las mansiones celestiales.  Entre los hombres de fe destaca Daniel que hasta ahora duerme en el polvo de la tierra en espera de su Señor que trae su galardón consigo.  “Y tú irás hasta el fin, y reposarás; y te levantarás—primera resurrección de los justos—para recibir tu heredad al fin de los días”. Daniel 12:13.  En esta parte queremos ser enfáticos, si ningún siervo del Señor—una vez fallecido— está en el cielo, menos aún cualquier mortal que fallece, definitivamente no tiene acceso a los lugares celestiales.

El Señor Jesucristo en el ejercicio de su predicación nunca ofreció el cielo como el hogar de sus redimidos.  He aquí lo que dijo a los judíos:

“Entonces Jesús dijo: todavía un poco de tiempo estaré con vosotros, e iré—al cielo—al que me envió—el Padre—me buscaréis, y no me hallaréis.  Y donde yo estaré vosotros no podréis venir”. Juan 7: 33 y 34. En este enunciado el Señor afirmó su ida al cielo a encontrarse con el Padre, una vez que terminara su ministerio que culminaría con su muerte y resurrección.  Se pensará que esta prohibición expresa de subir al cielo fue exclusivamente para los judíos y que los cristianos si tienen acceso a la eternidad; sin embargo, nuestro Redentor hizo la misma observación a sus propios discípulos y por ende a todos los verdaderos cristianos.

“Hijitos aun estaré con vosotros un poco.  Me buscareis, pero como dije a los judíos, así os digo ahora a vosotros: a donde yo voy vosotros no podéis ir”. Juan 13:33.  Consideramos que estas dos porciones bíblicas que hemos leído se explican por sí solas y no necesitan ninguna interpretación.  Este fue también el sentir de David que por inspiración divina es categórico al exponer: “Los cuales son los cielos de Jehová; y ha dado la tierra a los hijos de los hombres”. Salmo 115:16.

“Y DICIENDO, ARREPENTIOS, PORQUE EL REINO DE LOS CIELOS SE HA ACERCADO”. Mateo 3:2

Antes de analizar esta parte, es imprescindible saber porque la palabra de Dios expone el Reino de los cielos en varias citas bíblicas; ello presupone que el Reino se efectuará en los cielos, y ello priva en la mente de millones de personas que profesan la fe evangélica en todo el planeta.  ¿Pero realmente la palabra de Dios está afirmando dicha teoría?  Una vez que las santas escrituras exponen el reino de los cielos, es porque éste se concibió en la eternidad y no en la tierra.  Esta fue la deprecación que hizo el Hijo de Dios.  “Venga tu Reino”. Mateo 6:10.  Esa petición se hará una hermosa realidad cuando Cristo descienda glorioso del cielo para reinar en este planeta.  Isaías 52:7, 8 y 15; Salmo 22:28; 68:32; 103:19, etc.

“El respondiendo, les dijo: porque a vosotros os es dado saber los misterios del Reino de los cielos”. Mateo 13:11

Unificaremos a esta cita lo escrito en Mateo 4:23, que textualmente dice: “Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos—los judíos—y predicando el evangelio del Reino”.   Ahora bien, cuales son los misterios del Reino de los cielos que Jesús refiere en esta parte? “Leyendo lo cual podéis entender cual sea mi conocimiento en el misterio de Cristo; misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a los santos apóstoles y profetas por el Espíritu, que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y coparticipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio”. Efesios 3:4-6.  Por las citas expuestas entendemos que los misterios del Reino se refieren a la palabra de Dios revelada a sus siervos a través del evangelio de Jesucristo; de ahí la expresión el evangelio del Reino.  Mateo 24:14; Lucas 8:1; Marcos 1:14 etc.

“Y sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: se ha acercado a vosotros el Reino de Dios”. Mateo 10:9

Esa era la misión del Hijo de Dios, acercar a todos el evangelio del Reino para la redención del hombre; sin embargo, alcanzarlo para muchos es un verdadero desafío, como está escrito: “Desde que vino Juan Bautista hasta ahora, el Reino de Dios se alcanza a la fuerza y solamente los esforzados entran en él” Mateo 11:12. Versión Latinoamérica.  Hoy, como en la antigüedad los siervos del Señor lidian incansablemente para alcanzar salvación y entrar en ese glorioso Reino prometido por el Señor:   “Más, ¿Qué dice? Cerca de ti esta la palabra en tu boca y en tu corazón.  Esta es la palabra de fe que predicamos”. Romanos 10:8.  Y otra vez: “Para que busquen a Dios si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros”. Hechos 17:27.  “Ciertamente cercana está su salvación a los que le temen”. Salmo 85:9.

EL CASO DEL LADRON EN LA CRUZ

“Entonces Jesús le dijo: de cierto te digo hoy, estarás conmigo en el paraíso”. Lucas 23:43.  

La palabra paraíso es de origen persa; parque, jardín, huerto, etc, cuyo equivalente hebreo es perdes y griego paradeisos.

La expresión paraíso está registrada cinco veces en las Sagradas Escrituras. ¿Pero que es paraíso? “El paraíso designa originalmente al Edén, en donde Dios coloca a Adán tras crearlo, Génesis 2.  Su significado original hace referencia a un jardín extenso y bien arreglado, que se presenta como un lugar bello y agradable”. Fuente: Wikipedia.

El libro de los Cantares hace referencia a la fuente expuesta.  “Tus renuevos son paraíso de granados con frutos suaves, de flores de albeña y nardos; nardo y azafrán caña aromática y canela, con todos los arboles de incienso; mirra y aloes, con todas las principales especias aromáticas.  Fuente de huertos, pozo de aguas vivas, que corre del Líbano”. Cantares 4:13-15.

La descripción que hace el sabio del paraíso  es de encanto, exuberante, delicias, acogedor etc.  Por eso es una simbología del huerto de Dios— paraíso—en los cielos. Ezequiel 28:13. Adán, antes de su caída se deleitó en el paraíso.

“Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado.  Y Jehová Dios hizo nacer de la

tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal. 

Y salía de Edén un rio para regar el huerto, y se repartía en cuatro brazos”. Génesis 2:8-10.  Adán disfruto de este lugar de ensueño paradisiaco y de delicia.

En esta breve descripción hemos hecho énfasis del paraíso terrenal que existió en el principio de la humanidad.  Hasta hoy, en decadencia ¿Volverá a ser restaurado?

Entremos en el análisis de esta parte.  En la corta conversación que sostuvo el Hijo de Dios—antes de expirar en la cruz—con uno de los malhechores que le hizo un requerimiento: “Y dijo a Jesús: acuérdate de mi cuando vengas en tu Reino.  Entonces Jesús le dijo: de cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”. Lucas 23:42 y 43.  Este controversial punto doctrinal es muy discutido por existir divergencias hechas por algunos traductores al transcribir erróneamente los hechos de este evento.  Los versículos aludidos en el libro de Lucas, discrepan y contradicen la versión original que expone así: “Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo hoy, estarás conmigo en el paraíso”.  Es notorio  que los traductores que enseñan que las personas que fallecen van directamente al paraíso—cielo—modifican la parte gramatical de estos versículos, incluyendo la conjunción “que”, eliminando la coma que sigue del adverbio hoy.  Si asumimos que Jesucristo supuestamente ofreció al ladrón llevarlo ese mismo día al paraíso, entonces el Señor se está contradiciendo, por cuanto El después de su muerte fue sepultado y resucitado al tercer día.  Además, después de su resurrección estuvo con los apóstoles cuarenta días, justo antes de ascender a los cielos—hechos 1:3. —.  Y esto deja en mal predicado a todos los que han traducido en función de sus intereses doctrinales.

Analicemos las palabras del ladrón.  “Acuérdate de mi cuando vengas…” El malhechor hace referencia al verbo venir en tiempo futuro.  El Señor entiende la congruencia de su petición, por lo que expone en el texto original.  “De cierto te digo hoy”, en ese sentido el Mesías se apoyó en el adverbio de tiempo “hoy”, con la coma como signo de puntuación—que estarás conmigo en el paraíso; es decir, que ahora, hoy, te hago esta promesa—.  El ladrón entendió perfectamente bien la propuesta del Señor de hacerlo partícipe de su Reino cuando Jesús retorne con gloria a esta tierra.  “Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su Reino no tendrá fin”. Lucas 1:32 y 33.  Y otra vez: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con El; entonces se sentará en su trono de gloria”. Mateo 25:31.  Leamos con detenimiento estos dos últimos pasajes de los evangelistas citados, los cuales hacen referencia de un Reino que está por venir y cuyo rey es Jesucristo.  El ladrón en la cruz hizo alusión a este maravilloso evento.  “Cuando vengas en tu Reino”, por lo que se descarta totalmente que el malhechor haya subido al cielo ese mismo día por las razones expuestas.  El descansa en el polvo de la tierra esperando su gloriosa resurrección y se haga realidad la firme promesa del Señor de incluirlo en su Reino. Una vez que hemos descartado que el cielo no será el hogar de los santos, entonces, ¿Dónde se encuentra éste?

EL HOGAR DE LOS SANTOS

Existen muchas pruebas escriturales, desde Génesis hasta Revelación, que el Reino del Señor se establecerá en la tierra. 

Como primicia el Eterno promete a Abraham la tierra como herencia. 

“Porque toda la tierra que ves la daré a ti y a tu descendencia para siempre”. Génesis 13:15. 

Los profetas dan fe del establecimiento glorioso del Señor en este planeta.  “Y Jehová será rey sobre toda la tierra.  En aquel día Jehová será uno, y uno su nombre.  Toda la tierra se volverá como llanura, y esta será enaltecida y habitada”. Zacarías 14:9 y 10.  Sin embargo, para que este magno acontecimiento se cumpla la tierra necesita ser restaurada.  

El apóstol Pablo expone el sufrimiento y posterior liberación de este planeta.  “Porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción—contaminación, degeneración etc—a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.  Porque sabemos que toda la creación—naturaleza, tierra, planeta, mundo etc—gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora”. Romanos 8:21 y 22.  La versión Latinoamérica traduce esta parte con más claridad.  “Pues si la creación—la tierra—está al servicio de vanas ambiciones, no es porque ella hubiese deseado esa suerte, sino que le vino de quien la sometió—el hombre—.  Por eso tiene que esperar hasta que ella misma sea liberada del destino de muerte que pesa sobre ella y pueda así compartir la libertad y la gloria de los hijos de Dios”.

En efecto, esta tierra en manos del hombre está—como explica la versión Latinoamérica—destinada a morir.  Su proceso de muerte se debe por ejemplo a la progresiva erosión del suelo agrícola, la disminución de los bosques, ampliación de los desiertos, la contaminación atmosférica.   La industrialización actual vierte sus desechos químicos sobre el agua de consumo, letales para la flora y la fauna.  La contaminación pasa a la cadena alimenticia y envenena vegetales y animales que reciben el impacto.  Además, desde mediados del siglo pasado el planeta ha perdido la mitad de su tierra cultivable.  Contaminación progresiva de ríos, lagos y mares.  

La depredación a que ha sido sometida por compañías exploradoras despojando de sus entrañas sus metales preciosos dejando tras sí una estela de muerte que se traduce en el envenenamiento de las aguas de consumo humano, graves enfermedades que dañan a la población y el desequilibrio total del ecosistema.  Por eso dice el apóstol que la tierra está destinada a extinguirse por causa del hombre.

Sin embargo, por estar la tierra destinada como sede del Reino del Señor, será liberada de la esclavitud humana, cuando el Eterno establezca su Reino.  El profeta habla de la restauración de la tierra. 

“QUE REVERDEZCA Y SE CUBRA DE FLORES LA PRADERA.  QUE SE LLENE DE FLORES COMO JUNQUILLOS, QUE SALTE Y CANTE

DE CONTENTA, PUES LE HAN REGALADO LA GRANDEZA DE LÍBANO Y EL BRILLO DEL CARMELO Y DE SARÓN; QUE ALLÍ APARECERÁ TODA LA GRANDEZA DE JAVÉ”. Isaías 35:1 y 2 Versión Latinoamérica.

Veamos con atención como este evento de la liberación de la tierra está en conexión con la libertad gloriosa de los hijos de Dios.  Repasemos Romanos 8 :21.  “Porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.  ¿Qué significa este singular acontecimiento?  Que la tierra una vez liberada de la corrupción del hombre, Dios,–como expuso el profeta—le devolverá su esplendor y belleza que tuvo desde el principio de la creación y la convertirá en un digno paraíso para que la disfrute su iglesia glorificada. El versículo 21 de Romanos capitulo 8 explica la relación entre la liberación de la tierra y la libertad gloriosa de los hijos de Dios.  ¿Cuál libertad de los hijos de Dios?  Si bien es cierto que los siervos del Señor duermen en esperanza de la resurrección para vida eterna, sin embargo, eso no los exonera de permanecer confinados en los fríos sepulcros.  No obstante, al llamado del Hijo de Dios cederá su libertad.  “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oigan su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida”. Juan 5:28.  Entonces se cumplirán los dichos paulinos.  “Sorbida es la muerte con victoria, ¿Dónde está oh muerte, tu aguijón?  ¿Dónde oh sepulcro tu victoria? 1ra de Corintios 15:54 y 55.  Y otra vez: “Cuando Cristo vuestra vida—a través de la resurrección—se manifieste, entonces vosotros seréis manifestados con El en gloria”. Colosenses 3:3 y 4.  Así, la tierra será digna anfitriona de la gloria de nuestro Redentor y sus redimidos.  Será entonces el cumplimiento profético de los videntes del Dios de Israel. “Y que el Reino y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo—la tierra—sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo Reino es Reino eterno, y todos los dominios—naciones—le servirán y le obedecerán”. Daniel 7:27.  “Jehová reina; regocíjese la tierra, alégrense las muchas costas.  Nubes y oscuridad alrededor de El; justicia y juicio son los cimientos de su trono”. Salmo 97:1 y 2.

Concluimos esta temática con la hermosa propuesta del Hijo de Dios a sus santos.  “Bienaventurados los mansos; porque ellos recibirán la tierra por heredad”. Mateo 5:5. 

CONCLUIDO.

LA IGLESIA DE DIOS Y SU TEMATICA

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