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“Oh hombres, a vosotros clamo; dirijo mi voz a los hijos  de los hombres.  Entended, oh simples, discreción; y vosotros, necios, entrad en cordura.  Oid, porque hablaré cosas excelentes, y abriré mis labios para cosas rectas” Proverbios 8:4-6

Por Enrique Gordillo Mazariegos

El extracto de la tercera parte de esta temática-capítulo 3 de Eclesiastés- destaca la diversidad de circunstancias que rodean la vida del hombre; las vicisitudes que lo agobian son el resultado de sus malas acciones.  ¿Castigo retributivo? y peor aun cuando existe total ausencia de Dios que gobierne su vida.  Por eso el sabio en una forma tácita expone los lineamientos para que el hombre se apegue a los designios divinos.

Al final del artículo anterior citamos Eclesiastés capítulo 3, versículos 18-21, cuyos textos afirman las semejanzas que existen entre el hombre y la bestia. Luego, el dilema del destino final de ambos grupos al morir.  ¿A dónde van ambos? ¿El espíritu del hombre sube a los cielos, y el espíritu del animal, desciende debajo de la tierra? Eclesiastés 3:21.  ¿En qué son semejantes ambos géneros?  Ciertamente Pablo hace una distinción entre la carne del género humano y la de los animales.  “No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias”… 1ra de Corintios 15:39.  En efecto, la carne humana es distinta al grupo de los animales,  esta clase-animal- por ejemplo, sirve de alimento para el hombre.

El hombre también se diferencia de las bestias por su racionalidad.  Fue creado a semejanza de Dios; y le permitió señorearse en su creación. Génesis 1:26.  O sea, le concede total dominio sobre el género animal.

“El temor y el miedo de vosotros estarán sobre todo animal de la tierra y sobre toda ave de los cielos, en todo lo que se mueva sobre la tierra, y en todos los peces del mar; en vuestra mano son entregados”. Génesis 9:2. 

 Así, el hombre es dotado por Dios de raciocinio, que le faculta pensar, reflexionar, discernir, planear, ejecutar, etc, y en esencia es superior al género animal. 

Sin embargo, existen dos similitudes entre ambos grupos que a continuación expondremos.

ESPÍRITU O HALITO DE VIDA

Una vez que Jehová derrama su ira sobre los habitantes de la tierra a través del diluvio, el capítulo 7 de Génesis declara: “Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, todo lo que había en la tierra, murió.  Así fue destruido todo ser que vivía sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, los reptiles, y las aves del cielo; y fueron raídos de la tierra”. Génesis 7:22 y 23; 6:17, etc.  Este trozo contiene información valiosa e ilustrativa referente al hálito o espíritu de vida que está en las narices de todo ser vivo y una vez haya ausencia de este,  el ser fallece.  El texto declara: “Todo ser que respiraba murió”.  En esta parte también se incluye el reino vegetal.  ¿Respiran las plantas? “Las plantas respiran a través de unos minúsculos poros en la superficie de las hojas llamadas estomas.  El oxígeno que necesitan lo producen ellas mismas durante la fotosíntesis”. Fuente: El proceso de respiración de las plantas”.  Notamos que la fuente citada afirma que las plantas son autónomas; es decir que ellas respiran el oxígeno que generan y no dependen del exterior para vivir.

Volviendo a Génesis capítulo 7 que expone que el hálito o espíritu de vida permanece en las narices de todo lo que respira, Job ratifica esta parte: “Que todo el tiempo que mi alma esté en mí, y haya hálito de Dios en mis narices”. Job 27:3.  Sin embargo, una vez que el hombre o la bestia fallecen, Dios retira su espíritu de vida.  “Escondes tu rostro, se turban; les quitas el hálito, dejan de ser, y vuelven al polvo”. Salmo 104:29.  Ese espíritu o hálito de vida retorna a Dios que lo concedió; “Y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio”. Eclesiastés 12:7.  Este texto causa controversia entre los estudiosos de la palabra de Dios, por cuanto asumen que al morir cualquier persona su espíritu va a reunirse con el Señor.  Definitivamente no.  Dios es el dueño absoluto de nuestra vida y en su momento Él la reclama para sí.  Por favor centremos nuestra atención en el siguiente enunciado.  “Si El determinara hacerlo así, si hiciera volver a sí mismo su espíritu y su aliento, toda carne perecería y el hombre volvería al polvo”. Job 34 y versículos 14 y 15.  Examinemos parte por parte este trozo para su mejor comprensión: “Si El determinara así”… Con otras palabras, si El decidiera borrar del planeta todo lo que tiene hálito de vida, hombres y animales, “volvería a sí mismo su espíritu y su aliento”.  Es decir retomar lo que es suyo, en este caso la vida.  “Toda carne a una perecería y el hombre volvería al polvo”.  O sea, tanto el hombre como la bestia que pierde el espíritu o hálito de vida que está en sus narices, fallecen y vuelven a ser polvo, una vez que Dios toma para sí lo que le pertenece.  

“PORQUE POLVO ERES Y AL POLVO SERAS TORNADO”. Génesis

3:19

¿Cuál fue la materia prima que utilizó Dios para formar al hombre?

“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente”. Génesis 2:7.  

Jehová usó el mismo procedimiento para crear a los animales.  “Jehová Dios formó, pues, de la tierra-polvo-toda bestia del campo, y toda ave de los cielos”. Génesis 2:19.

La sentencia: Una vez que el hombre cae en desobediencia con su Dios, escucha el veredicto: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás”. Génesis 3:19.

Con lo expuesto, creemos que entenderemos con mayor claridad lo declarado por el sabio.  “Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos, ni tiene más el hombre que la bestia.  Y remarca: todo va a un mismo lugar, todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo”. Eclesiastés 3:18-20.

Así, todo ser humano, reyes o gobernantes, prelados, príncipes, famosos, millonarios, pobres, negros, blancos, etc, descienden al morir con sus pares-los irracionales-a un mismo lugar debajo de la tierra.

Pasemos ahora a analizar el dilema del sabio: ¿”Quien sabe que el espíritu de los hijos de los hombres sube arriba, y que el espíritu del animal desciende debajo a la tierra”? Eclesiastés 3:21.

En esta parte nos ocuparemos solo de la primera interrogante. Los irracionales una vez mueren, ya no tienen parte en esta vida, ni en la venidera; su tiempo termina en esta tierra.

Observemos la frase de Salomón, ¿quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres sube arriba? ¿A qué espíritu se refiere el sabio?  Es distinto del espíritu de hálito de vida que estudiamos y que permanece en nuestras narices.  El espíritu que hace alusión Salomón es el que se encuentra dentro de nosotros mismos.  “¿Quién de los hombres sabe las cosas del hombre sino el espíritu del hombre que está en él?”. 1ra de Corintios 2:11.  De allí su definición : “Entidad abstracta considerada la parte inmaterial que junto con el cuerpo o parte material, constituye al ser humano; se le atribuye la capacidad de sentir y pensar”.  Por ello en nuestra sociedad encontramos personas con espíritu de servicio, de emprendimiento, empresarial, etc.  O espiritualidad: “Cualidad de las personas o de las cosas espirituales”.  Por ejemplo, “Apolos, siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba”. Hechos 18:25.  Es el espíritu que impulsa y coordina las actividades del hombre; distinto del espíritu o hálito de vida. Este reiteramos, se encuentra en el interior del hombre.  

Contrario al espíritu ardiente de Apolos, existen personas, cuyo espíritu es de maldad.  “Como ciudad derribada y sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda”. Proverbios 25:28.  O sea, que su vida revela actitudes reprochables, como la soberbia, orgullo y altivez.  Por eso Pablo exhorta a la iglesia a mantener el espíritu justo e irreprochable, junto con el alma y cuerpo al descender al sepulcro.  “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”. 1ra Tes 5:23.  La versión NTV expone la última parte de este versículo… “Y que todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo se mantengan sin culpa hasta que nuestro Señor

Jesucristo vuelva”.  La versión RVA traduce: “Y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo sea guardado sin mancha en la venida de nuestro Señor Jesucristo”.

Así, el espíritu y los otros dos elementos, alma y cuerpo permanecen inamovibles, y no van directo a los cielos al morir la persona; permanecen en la tumba para bien o para mal, hasta la segunda venida gloriosa del Hijo de Dios, como está escrito: “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno saldrán a resurrección de vida; más los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación”. Juan 5:28 y 29.

Todos los que tengan parte en la primera resurrección son los que reafirmarán, delante del Señor, su trayectoria justa y santa, en vida, una vez que abandonen su sepultura.  “El cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo”. Para ilustrar esta parte estudiemos dos ejemplos de irreprensibilidad-entre otros- de Daniel y Abel.

CASO DANIEL

Conocido por su destacada misión como profeta y su vida ejemplar delante de Dios y los hombres.  Por sus antecedentes, Dios le da el calificativo de justo.  “Y si en ese país vivieran Noé, Daniel, y Job, solo ellos tres se salvarían por ser justos.  Yo el Señor lo afirmo”. Ezequiel 14:14.  Versión DHH.  La parte resaltada destaca la santidad que vivió Daniel delante de su Dios, hasta el último día de su existencia.  Por ello, su espíritu interno alma y cuerpo descendieron al sepulcro en estado irreprensible; o sea, sin tacha, íntegro, justo, etc, para la venida del Hijo de Dios.  A pesar de su integridad, ¿dónde se encuentra Daniel?  “Y tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días”. Daniel 12:13.  

Definitivamente el espíritu de Daniel no subió a los cielos al morir; descansa en el polvo de la tierra, en espera de la promesa que le hizo el mismo Dios de resucitarlo en el día postrero.

CASO ABEL

Abel, fue la primera víctima de parricidio en el mundo de manos de su hermano Caín.  Abel vivió una vida recta delante de Dios, como lo describe el capítulo 4 de Génesis.  Y de su integridad da fe el mismo Hijo de Dios.  “Para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo”. Mateo 23:35; Hebreos 11:4.  A pesar de la justicia de Abel, ¿alcanzó para que su espíritu ganara el cielo? 

“Y El le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra”. Génesis 4:10.  Pese a la justicia de Abel, descendió a la tierra una vez fallecido; en espera también como los justos que han descansado, su resurrección en el día final.  Es una ley instituida por el mismo Dios.  “Todo va a un mismo lugar, todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo”. Eclesiastés 4:20.

Así, todos sin excepción guardan en la tumba la resolución final de vida o muerte hasta el retorno de nuestro Señor Jesucristo.

No obstante,  la claridad de los argumentos bíblicos que niegan que el espíritu interno del hombre va a los cielos al morir, predominan, -entre muchos otros- dos enunciados bíblicos que capturan la idea que una vez que el hombre fallece, su espíritu sube a los cielos.

Los textos: 

a)”Así que vivimos confiados siempre y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor.  Pero confiamos y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor”. 2da Corintios 5:6 y 8.

b)”Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor”. Filipenses 1: 23-25. ¿Qué impresión nos dan estos versículos?  ¿Acaso son la parte opuesta de lo expuesto hasta este momento?

Continuará. 

En el espacio que nos resta intentaremos dar respuesta a algunas inquietudes de nuestros lectores.

Una de las interrogantes es: ¿Jesús cargó la cruz en su recorrido hacia el Gólgota?

Y ¿Quién mató a Jesucristo? ¿los judíos?  ¿Poncio Pilato en su dictamen final?  Si no ellos, ¿el Imperio Romano? ¿o quién o quiénes?

JESUS: ¿CARGÓ LA CRUZ?

Trataremos de dar una breve respuesta apoyándonos en la historia y en las Sagradas Escrituras.

La noche del catorce de Nizán que fue capturado el Hijo de Dios por los sacerdotes del Sanedrín, encabezado por Caifás, y entregado a las autoridades romanas,  fue torturado y humillado hasta el límite de su fuerza. 

“Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y se reunieron alrededor de El toda la compañía; y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata, y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de El lo escarnecieron, diciendo: ¡Salve, rey de los judíos!, y escupiéndole tomaban la caña y lo golpeaban en la cabeza.  Después de haberle escarnecido le quitaron el manto y le pusieron sus vestidos y lo llevaron para crucificarle”. Mateo 27:31.  En todo el proceso el Hijo de Dios no descansó.  Toda la noche anterior y parte del día siguiente permaneció de pie.  Como expuso el evangelista, sufrió burlas, golpes e intensos interrogatorios de sus juzgadores sin ninguna asistencia.  La falta de sueño y el cansancio habría minado su condición física.

Una vez que comienza su trayecto al Gólgota iba molido. Isaías 53:5.  En esas condiciones apenas podía mantenerse de pie.  Además, según las crónicas dan fe que: “El brazo horizontal de la cruz pesaba aproximadamente 35 kilos y toda la cruz pesaba 60 kilos”.-120 libras-.  

En las condiciones míseras que se encontraba el Mesías, ¡era imposible llevar semejante carga!  Recordemos que Jesús en su estado físico no fue un super hombre, “tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres”. Filipenses 2:7.

Otra de las razones concluyentes, que Jesús no cargó la cruz, son lo que afirman los evangelios.  “Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús”. Mateo 27:32.  

La misma confirmación contienen el libro de Marcos-15:21- .  Y Lucas 23:26.

El evangelio de Juan declara: “Y El llevando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota”. Juan 19:17.  Consideramos que lo expuesto por el evangelista Juan es en sentido figurado.  O sea, que Jesús se trasladó con su cruz al lugar de su crucifixión.  Además, Pablo es categórico al afirmar: “Que en  boca de dos o tres testigos se cierra todo negocio”. 2da de Corintios 13:1.

¿QUIÉN MATÓ A JESUCRISTO? ¿LOS JUDÍOS, O PONCIO PILATO EN SU SENTENCIA FINAL?

Hemos unido estas dos interrogantes por existir un fuerte vínculo entre ambas.

El Sanedrín, -como expusimos- era un grupo de sacerdotes liderado por Caifás, sometieron a Jesucristo a un juicio y condena ilegal; la ley de los judíos según las crónicas prohibían aprehensiones y juicios nocturnos. “…Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado”.  1ra de Corintios 11:23. El Maestro enfrentó al Sanedrín, solo; sus discípulos lo habían abandonado, Pedro lo seguía de lejos.

El interrogatorio concluye una vez que el Maestro declara ser Hijo de Dios en respuesta a la pregunta de Caifás.  “Jesús le dijo: tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios y viniendo en las nubes del cielo”. Mateo 26:64.  La respuesta no se hizo esperar y montando en cólera Caifás, exclamó: “!Ha blasfemado!  ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo habéis oído su blasfemia.  ¿Qué os parece? Y respondieron ellos y dijeron: ¡Es reo de muerte!” Mateo 26:64-66.  Era la sentencia definitiva contra el Hijo de Dios.

JESÚS FRENTE A PONCIO PILATO

Subyugado el pueblo judío al Imperio Romano, no le asistía ninguna facultad para ejecutar al Maestro.  Este fue trasladado de mañana ante Pilato gobernador de Judea.  “Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio, era de mañana y ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse y así poder comer la pascua”. Juan 18:28.  El pretorio era la residencia oficial de Pilato.  Es de hacer notar que en ese día se celebraba la pascua judía, por lo que ningún hebreo entró al pretorio de Pilato,-en su calidad de gentil- para no contaminarse; sin embargo, si forzaron a Jesús a entrar.

Es de destacar que contrario a la opinión universal que Pilato actuó de manera irresponsable por el dictamen contra Jesús, no fue así.  En todo el proceso que duró el juicio siempre lo defendió hasta el final.  Juan 18:29; 18:33-38, etc.

Y es que Pilato manejó en ese episodio un criterio de inocencia a favor del Maestro, una vez que aquel atribulado individuo desfallecido y demacrado estaba frente a él.  Intuyó que no era ningún agitador; menos aún que pretendiese ser rey,-acusación de los judíos-que afectara los intereses políticos del emperador de Roma  Además, había sido abandonado por sus escasos seguidores; el único que lo seguía-Pedro- lo había negado.  Sin embargo no pudo convencer a la muchedumbre que estaba afuera que exigía la pena de muerte.  

De manera sorprendente la esposa del gobernador defiende la inocencia de Jesús. Mateo 27:19, sin lograrlo.

Por fin, Pilato accede a sentenciar a Jesús por la presión de la plebe judía. “Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros”. Mateo 27:24.

Finalmente, Jesús es entregado a las autoridades romanas para su crucifixión y muerte.  “He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles.  Y le escarnecerán, le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; más al tercer día resucitará.” Marcos 10:3334.

Concluyendo esta parte, asumimos que los judíos fueron los autores intelectuales de la muerte de Jesús; y Roma los autores materiales por haberlo crucificado.

No obstante, que la historia y las Santas Escrituras establecen a los dos grupos responsables de la muerte del Señor, ¿quién o quienes más son los responsables? ¡Todos!  ¡Jesús se hizo pecado por amor a nosotros!  “Cristo no cometió pecado alguno, pero por nuestra causa, Dios lo hizo pecado, para declararnos justos por medio de El”. 2da de Corintios 5:21.  Y otra vez: “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto;  y como que escondimos de El el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.  Ciertamente llevó nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros lo tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.  Más El herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo por nuestra paz fue sobre El, y por su llaga fuimos nosotros curados”. Isaías 53:3-6.

Creemos que lo expuesto por el profeta se explican por sí solos; por tanto, nuestra gratitud al Padre por su Unigénito que sufrió al extremo por nuestra causa, debe ser de continuo.  Y más aún hoy en día, en que vivimos en angustia e incertidumbre por la peste mundial que ha desatado el virus covid19, que a la fecha, -Octubre 2020-  aflige casi la totalidad de los países del planeta.

 A usted lector inconverso es tiempo de dirigir la vista hacia Dios y apreciar el regalo sin igual, reflejado en la vida de Cristo que murió por usted. 

¡Busque su rostro antes que sea demasiado tarde!.

Volviendo al punto del coronavirus que ha diezmado a la población mundial, incluyendo nuestro país-Guatemala- debemos imitar al pueblo de Dios que en la antigüedad permaneció en casa una vez que Jehová derramó las plagas a Egipto.  “…Y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa”. Es  una orden Divina para no contaminarse.

Su promesa: “Y no dejará entrar al heridor-peste-en vuestras casas”. Éxodo 12:22 y 23.

Aunque el Estado levante la restricción de permanecer en nuestros hogares, es deseable que nuestros adultos mayores permanezcan hasta el fin de la pandemia.

Apreciables lectores gracias por enviarnos sus inquietudes.

LA IGLESIA DE DIOS Y SU TEMÁTICA

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