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“Ninguno  busque su propio bien, sino el del otro” 1ra Corintios 10:24

INTRODUCCIÓN:

“La determinación de que la transfusión sanguínea infringe la ley de Dios se hizo en el año 1945, en base a los pasajes bíblicos reflejados en Génesis 9: 3 y 4; Levítico 17:11 y 12 y Hechos 15: 28 y 29”.  Este es el párrafo principal en un documento elaborado por los Testigos de Jehová cuya resolución bíblica-según ellos- prohíbe la transfusión de sangre entre humanos.

Es curioso que los TJ cuya fundación tuvo su origen en el siglo XIX a cargo de Charles Taze Russell, hasta el año 1945 “descubrieron” la transgresión a la ley de Dios mediante las transfusiones sanguíneas; o sea, que llegó a ellos la información casi un siglo después de su prohibición.  Preguntamos: ¿Qué suerte corrieron los TJ que se transfundieron antes de la resolución de 1945, partiendo que la primera transfusión sanguínea entre humanos la realizó el médico británico James Blundeel en el año 1818?  Por estos datos históricos expuestos asumimos que gran parte de la comunidad de los TJ ignoran la historia de su organización y lo correlativo desde su fundación hasta hoy en día.

Entrando en materia de análisis bíblico apelaremos a los textos bíblicos que sirven para supuestamente sustentar-aún a costa de una vida- la no transfusión sanguínea.

Veamos su verdadero sentido:

Desde el libro de Génesis hasta el nuevo testamento, Dios hace la siguiente prohibición: “Empero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis”. Génesis 9:4.  La versión NTV expone: “Pero nunca deben comer de ninguna carne con su vida, es decir, que aún tenga sangre”.  De las dos versiones presentadas entendemos que en efecto, los patriarcas y los judíos podían comer carne pero no su sangre; debían escurrir, secar o exprimir para no ingerir la sangre del animal; porque cuyo elemento es la vida.

En el pentateuco escrito por Moisés, Dios hace la misma restricción:

“Solamente que no comas su sangre, sobre la tierra la derramarás como agua”. Deuteronomio 15:23.

La misma normativa es para la dispensación evangélica: “que ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias.  Que os abstengáis de cosas sacrificadas a los ídolos, y de sangre y de ahogado, y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis.  Pasadla bien”. Hechos 15:28 y 29.

BEBER Y TRANSFUNDIR

Estos términos son diametralmente opuestos como lo expondremos más adelante.

No se puede fundamentar una enseñanza tergiversando el verdadero sentido de la prohibición de Dios al hombre de beber sangre animal, asociándola con las transfusiones sanguíneas. Absurdo.

Y es que la magnitud de esta teoría atenta contra la vida de muchas personas que fallecen en una cirugía o en algún accidente automovilístico, una vez que se desangran y mueren irremisiblemente por rechazar una transfusión de sangre.

Debemos resaltar que el impedimento hecho al pueblo judío, de beber o comer sangre, formaba parte de los 613 preceptos escritos por Moisés.  Y en el caso que nos ocupa precisaba un ritual a favor de los que transgredían esta normativa, para obtener el perdón, como lo expresa el primer libro de Samuel:

“y dándole de ello aviso a Saúl, dijéronle: el pueblo peca contra Jehová comiendo con sangre.  Y El dijo: vosotros habéis prevaricado; rodádme acá una grande piedra.  Y Saúl tornó a decir: esparcíos por el pueblo, Y DECIDLES QUE ME TRAIGAN CADA UNO SU VACA Y

CADA CUAL SU OVEJA, Y DEGOLLADOS AQUÍ, Y COMED Y NO PECARÉIS CONTRA JEHOVÁ COMIENDO CON SANGRE.  Y trajo todo el pueblo cada uno por su mano su vaca aquella noche y degollaron ahí”. 1ra Samuel 14:33 y 34. 

Las partes remarcadas dan testimonio que una vez el pueblo hebreo infringía este mandato, Dios les brindaba el perdón a través de los sacrificios cuyas víctimas eran los animales.  Este suceso ritual nos permite hacer una reflexión profunda basada en el libro de Colosenses que declara: “rayendo la cédula de los ritos que nos era contraria que era contra nosotros, quitándola de en medio y enclavándola en la cruz”. Colosenses 2:14.  Si el Hijo de Dios ha suprimido con su muerte en la cruz del calvario, sacrificios, días de fiesta y ritos, preguntamos: ¿por qué los TJ invocan decretos muertos?  Porque sin ellos no era posible desagraviar al pueblo israelita.  ¿Será que falta un riguroso análisis del antiguo testamento, de sus estatutos que rigieron la vida del pueblo sionista?

Como expusimos, el evento en que el pueblo hebreo había pecado contra su Dios bebiendo sangre de animales, el los llama a arrepentimiento y mediante un sacrificio les perdona la vida.  Preguntamos: ¿por qué la organización de los TJ no indultan a sus miembros que agonizan a falta de una transfusión sanguínea? ¿Jugando a ser dioses?

Y es que basarse en letra muerta de una ordenanza que ya expiró, no puede ser ningún fundamento para consolidar una enseñanza, ni menos universalizarla.

LA TRANSFUSIÓN SANGUÍNEA

Contrario a beber o comer sangre de animal que fue una prohibición al pueblo de Israel en el antiguo testamento, invalidada también en la dispensación evangélica, veamos brevemente la transfusión de sangre, -no ingerida- sino canalizada a la persona por la vía intravenosa.  Este procedimiento que puede salvar una vida ayuda a sustituir la sangre a causa de una cirugía o de una grave lesión.

¿La sangre humana es vida?

Una vez que el Señor Jesucristo expira en la cruz del calvario, derramó su sangre para darnos vida, como está escrito: “hermanos, la sangre que Jesús derramó al morir nos permite ahora tener amistad con Dios”. Hebreos 10:19 TLA.  Podemos asumir que nuestra redención se dio en una forma figurada, sin embargo, la sangre que vertió Jesús es literal, o sea, que representa la vida que circula en nuestro torrente sanguíneo, cuyo elemento es vida, una vez que la cedemos, -no de manera oral- sino se transfunde a una persona necesitada, que está en situación de riesgo.

Hoy en día la ciencia médica mantiene un control estricto sobre la compatibilidad de sangre del donante con la persona afectada.  “Ser compatible significa que su cuerpo no producirá anticuerpos contra la sangre que recibe.  La transfusión sanguínea entre grupos debe ser compatible.  Por lo regular no existen inconvenientes”. Fuente: Control de la Compatibilidad Sanguínea.

Reiteramos, comer animales con su sangre era una de las prohibiciones de los 305 mandatos que contenía los 613 preceptos de la ley de Moisés, y que en la era evangélica ya no está en vigencia.

El evangelio de hoy, es de consciencia, que nos transforma en personas humanistas basadas en valores, apegadas en su práctica a la ley moral y en los 6-de los 10- mandamientos que corresponde al prójimo.  “Porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley, porque: no cometerás adulterio, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio; no codiciarás, y si hay algún otro mandamiento se resume: amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Romanos 13:8.  De esta exhortación paulina nos llama a la reflexión el sexto mandamiento: “No matarás” o sea que si en nosotros existe la posibilidad de salvar una vida de la muerte, a través de una transfusión sanguínea, estamos haciendo realidad el amor a nuestro prójimo.

Quiero concluir esta breve reseña con las palabras pronunciadas por nuestro dador de la vida: “Nadie tiene mayor amor que éste, que ponga alguno su vida por sus amigos”. Juan 15:13.

Concluído.

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