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“Asi que, concluimos ser el hombre justificado por fe sin obras de la ley”. Romanos 3:28

Resumiendo la primera parte de esta exposición exhalta el libro de la ley con todas sus ordenanzas escrito por Moises.  Deuteronomio 4:5, 6 y 8.  Era el misterio de muerte. Exodo 21:12, 16 y 17; 22: 20.  Sin embargo el sacrificio de nuestro Redentor abolió todos esos estatutos que eran en contra nuestra. Efesios 2:15.

No obstante, la supresión de todos estos decretos que normaron la vida del pueblo judío en la antigüedad, el Señor Jesucristo magnifica la ley de Dios; dichos mandamientos-10- fueron escritos por el dedo de Dios. Exodo 31:18 y cobran preeminencia en la dispensación evangelica y el Señor los sitùa en el plano espiritual.

Tanto el señor Jesucristo, como el apóstol Pablo lidiaron con la nación hebrea-aferrada a la ley de Moises-una vez que les presentan el plan de salvación por la fe de Jesucristo, sin embargo reciben el rechazo de èstos.  De ahì la amonestación paulina: “Aquel, pues, que os suministra el espíritu y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley o por el oir de la fe”? Galatas 3:5.  Y concluye diciendo: “¿donde pues, està la jactancia?  Queda excluida.  ¿por cual ley?  ¿por la de las obras? No, sino por la ley de la fe”. Romanos 3:27

¿Cuál es esa ley de la fe? “Por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes”. GENESIS 26:5.

Como expusimos anteriormente, la tarea de Pablo era llevar a los gentiles conversos a la fe de Abraham.  El patriarca había guardado por la fe la ley moral del Señor.  Dichos mandamientos no estaban aún escritos en las tablas de piedra; este evento ocurrió aproximadamente 313años después de Abraham en el monte Sinaí.  Asì, Abraham caminó con Dios sin conocerle solo obedeciendo el llamado del Eterno: 

“Por la fe Abraham siendo llamado, obedeció para salir al lugar que debía de recibir como herencia;

y salió sin saber a dónde iba”.  HEBREOS 11:8.  

Abraham fue fiel al Señor todos los días de su vida cumpliendo sus santos mandamientos.  Por eso Dios lo premió como padre del pueblo hebreo y de los gentiles.  “Y la escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo:  “En ti serán benditas todas las naciones”. GALATAS 3:8.  Previo a esta promesa Dios lo justificó: “Así creyó a Dios y le fue contada por justicia”. Y otra vez: “Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente porque el justo por la fe vivirá”. GALATAS 3:6 y 11.

El patriarca Abraham había experimentado este proceso: Primero la fe que es por el oír y luego su justificación: “Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito más el justo por la fe vivirá”. ROMANOS 1:17. 

Con lo explicado hasta aquí, necesitamos comprender ¿que significa la ley de la fe?. 

Repasemos de nuevo el texto citado anteriormente de Romanos 3:27 en la versión La Nueva Biblia Latinoamérica:  “Y ahora, ¿Dónde está nuestro orgullo?.  Se acabó ¿Cómo?.  No por la ley con sus observancias, sino por otra ley que es la fe.

Apreciable lector y estimado hermano, le rogamos poner atención en esta parte importante de nuestro estudio, porque la práctica de la fe de la iglesia no se circunscribe en solo haber creído en nuestro Señor Jesucristo.  La ley de la fe, la constituye la ley moral, expresada en los diez mandamientos, en cuya instancia se fundamenta la doctrina de la iglesia. Sirva este ejemplo que encontramos en el libro del apóstol Judas.  “Amados, por la gran solicitud que tenia de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario, escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe(doctrina) que ha sido una vez dada a los santos”. JUDAS versículo 3 único capítulo.  Si leemos los versículos posteriores, dan cuenta de falsas doctrinas, de falsos maestros queriendo imponerlas al pueblo de Dios.

De manera pues que los siervos del Señor practican una sola fe es decir, un solo evangelio fundamentado en la observancia en valores éticos-morales.  

Una vez que el hijo de Dios ha creído a través de la fe, automáticamente es practicante de la santa ley de Dios y pasa a vivir bajo la gracia, como lo explica en una forma clara el apóstol Pablo.   “POR EL CUAL TAMBIÉN TENEMOS ENTRADA POR LA FE A ESTA GRACIA”. Romanos 5:2 1ra parte. No obstante, la relevancia de la fe, la podemos separar de la ley?.  Es la interrogante que hace el apóstol Pablo en Romanos 3:31 ¿luego deshacemos la ley por la fe?… El varón de Dios una vez justificado vivirá por fe, sin embargo, necesitará una brújula que oriente su vida.  Partiendo de que la ley de la fe se fundamenta en la enseñanza de la iglesia no puede ser posible separar ambos elementos porque ambos coexisten y se constituyen, reiteramos, en guía del siervo de Dios.  “Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino”.  SALMO 119:105.  Por eso volviendo a nuestra cita bíblica de Romanos 3:31 a la interrogante pendiente si precisaba eliminar la ley de la fe de su práctica, el apóstol responde:  “En ninguna manera; antes establecemos la ley”.  “¿Qué pues diremos? ¿la ley es pecado?.  En ninguna manera.  Empero yo no conocí el pecado sino por la ley; pero tampoco conociera la concupiscencia si la ley no dijera:  “No Codiciarás”. ROMANOS 7:7.  El apóstol Pablo da fe de la existencia y preeminencia de la ley de los diez mandamientos  conocida también como ley de la fe.  Pablo en ninguna manera hace referencia aquí a la ley en orden a ritos, sacrificios, etc, de la ley de Moisés.  Es distinto.  Observe con detenimiento que en el versículo 7 del capítulo 7 de Romanos, hace alusión al decimo mandamiento, no codiciarás; este forma parte de las diez palabras de vida, que fue dada en el monte de Sinaí según Éxodo capítulo 20. En esta dispensación evangélica la ley es de carácter moral, y por ello más complicada aunque no imposible de cumplir.

Leamos el testimonio de Santiago.  “Más el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella,  no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra éste será bienaventurado en lo que hace”. SANTIAGO 1:25. De este interesante trozo analicemos cuatro aspectos importantes:

  1. La perfecta ley.

Cristo la hizo perfecta otorgándole relevancia espiritual porque dicha ley moral ya no estaría más grabada en las dos tablas de piedra; sino en el corazón y la mente del siervo de Dios.  Como lo refiere el libro a los Hebreos.  “Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré”.  Esto daría como resultado la perfección de sus siervos.  HEBREOS 10:14 y 16.  He aquí un ejemplo de esta ley.  “Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida.  Y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él”. 1ra JUAN 3:15.

Este punto de la ley moral que refiere Juan corresponde al sexto mandamiento “No Matarás”.  Bastará que usted guarde rencor u odio a alguien para convertirse en un homicida, y los tales no entrarán al reino.  APOCALIPSIS 21:8.  Queda demostrado una vez más bíblicamente que el Señor perfeccionó la ley.

  • La ley de la libertad.(No libertinaje)

La libertad que hace referencia el apóstol Santiago es al rompimiento de las cadenas del pecado:  Adulterio, fornicación, inmundicia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, ira, contiendas, envidias, homicidios, borracheras etc.  GALATAS 5:19al 21.  Por esta razón Jesucristo hizo la siguiente enunciación:  “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. JUAN 8:32.

  • Los hacedores de la ley.

El hijo de Dios debe practicar con rigurosidad la ley de los diez mandamientos, como está escrito:  “Porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados”. ROMANOS 2:13.

  • Ser Bienaventurado.

Bienaventurado es sinónimo de dichoso.  Oigamos la expresión del salmista:  “Sino que en la ley de Jehová esta su delicia(encanto, placer, etc.) y en su ley medita de día y de noche”.   SALMO 1:12.

Después de describir las características que Santiago refiere de la ley expresada en los diez mandamientos, ley de la fe, o ley de la libertad compuesta por las diez palabras de vida,  precisa conocer dicha ley.

EL DECALOGO (Versión La Nueva Biblia Latinoamérica)

  1. No tengas otros dioses fuera de mí.
  • No te hagas estatua ni imagen alguna de lo que hay arriba, en el cielo, abajo en la tierra, y en las aguas debajo de la tierra.  No te postres ante esos dioses, ni les des culto, porque Yo, Yavé, tu Dios, soy un Dios celoso.  Yo castigo a hijos, nietos y biznietos por la maldad de los padres cuando se rebelan contra mí.  Pero me muestro favorable hasta mil generaciones con aquellos que me aman y observan mis mandamientos.
  • No tomes en vano el nombre de Yavé, tu Dios, porque Yavé no dejará sin castigo a aquel que toma su nombre en vano.
  • Acuérdate del día del sábado, para santificarlo.  Trabaja seis días y en ellos haz todas tus faenas.  Pero el día séptimo es día de descanso, consagrado a Yavé, tu Dios.  Que nadie trabaje ni tú, ni tus hijos, ni tus hijas, ni tus siervos, ni tus siervas, ni tus animales, ni los forasteros que viven en tu casa.  Pues en seis días Yavé hizo el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto hay en ellos, pero el séptimo día Yavé descanso, y por eso bendijo el sábado y lo hizo sagrado.
  • Respeta a tu padre y a tu madre, para que se prolongue sobre la tierra la vida que Yavé, tu Dios, te da.
  • No mates.
  • No andes con la mujer de tu prójimo.
  • No robes.
  • No des falso testimonio  contra tu prójimo.
  1. No codicies la casa de tu prójimo, no codicies su mujer, ni sus servidores, su buey o su burro.  No codicies nada de lo que le pertenece.

Estos son los diez mandamientos que en esta dispensación evangélica, están grabados en el corazón y en la mente de los hombres; constituyéndose en estandartes de fe en los verdaderos siervos de Dios.  Sin embargo, en el ámbito religioso no existe cabida para la ley de Dios, no obstante, algunos sectores religiosos afirman guardarla a medias.  Cuando se les cuestiona sobre la observancia de la ley de Dios, aseguran guardar nueve mandamientos de ésta, exceptuando la observancia del cuarto mandamiento.  El sábado como día del Señor.  Afirman que los guardadores de este día están bajo maldición; denotando así su ignorancia acerca de este punto doctrinal que a la luz de la palabra de Dios ha quedado clarificado; la abolida ley de Moisés, que mantenía al mundo bajo maldición; pero en ninguna manera la observancia de este santo día.

Algunos guías espirituales para desvirtuar la autenticidad del cuarto mandamiento, el sábado como día del Señor, citan Colosenses 2:14.  “Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente triunfando sobre ellos en la cruz.  Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o de días de reposo”. (Sábado) Los versículos 14 y 15 están ampliamente explicados referente a la ley de Moisés que quedó sin efecto.  El versículo 16 continúa haciendo referencia a las comidas y bebidas, fiestas, lunas nuevas o sábados.  Todo este compendio de actividades formaban parte de los 613 preceptos que conformaba la ley mosaica.  Los líderes religiosos que buscan apoyar su doctrina antisábado desconocen la historia del pueblo de Israel, ritos, sacrificios, lunas nuevas etc, que reguló la vida religiosa del pueblo hebreo por muchos años.

Con relación al sábado que hace énfasis el apóstol Pablo en Colosenses 2:16, está agrupado, si leemos con detenimiento, las festividades levíticas del pueblo judío. 

Ahora bien ¿Cuáles eran estos sábados?.  El día sábado escrituralmente se conoce como reposo o descanso; en la ley de Moisés existían siete sábados ceremoniales que formaban parte de las actividades religiosas del pueblo hebreo.  Dichos sábados están registrados en todo el capítulo 23 de levítico, sin embargo, para obviar, haremos mención solo de dos sábados ceremoniales.

En el libro de levítico capítulo 23 y versículo 24 textualmente dice:  “Habla a los hijos de Israel, y diles:  en el mes séptimo, al primero del mes tendréis día de reposo una conmemoración al son de trompetas, y una santa convocación”.  Si usted ha puesto atención a éste versículo, la palabra de Dios no se está refiriendo al sábado semanal, sino a uno de los siete sábados rituales que formaban parte de las fiestas levíticas del pueblo judío.  Observe esta otra cita que presenta el capítulo 23 versículo 32 de levítico.  “día de reposo será a vosotros, y afligiréis nuestras almas, comenzando a los nueve días del mes en la tarde…” Estos sábados ceremoniales no tenían fecha precisa para su observancia, ya que estas festividades se podrían celebrar cualquier día del año.  No así el sábado como día del Señor que se observa al cierre de la semana.  Reiteramos pues, que los sábados ceremoniales formaban parte de las fiestas solemnes dedicadas a Jehová.

El sábado que Dios instituyó como día de descanso esta registrado en el libro de Génesis 2:3.  “Y bendijo Dios al día séptimo y lo santificó porque en el reposó de toda la obra que había hecho en la creación”.  Este día fue al que el Señor le otorgó su bendición y su santificación (santificación es hacer santo.  Dedicar a Dios una cosa etc.).

¿La observancia del día sábado es exclusiva de los judíos? Definitivamente no; este santo día es patriarcal y no mosaico, y Dios lo instituyó antes de que existiera la nación hebrea.

Cuando Dios creó este día lo apartó para toda la humanidad y no solo para un pueblo en particular. 

El Maestro instruía a sus discípulos sobre su práctica universal.  “Y Jesús les enseñaba:  el sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado.  Por esto el Hijo del Hombre que es Señor, también es dueño del sábado”. MARCOS 2:27y28 (leído la versión La Nueva Biblia Latinoamérica).  Con que claridad se expresa el Hijo de Dios del día de reposo, como dueño absoluto de este santo mandamiento.

La versión Valera traduce el versículo 28 de este capítulo:  “Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aún del día de reposo”.  Por eso los que tienen el privilegio de guardar este santo día son receptores de múltiples bendiciones del Eterno y nunca ser objeto de maldición.

Concluimos esta parte afirmando que el día verdadero de reposo que Dios estableció para su pueblo tiene carácter semanal y fue el sello de la culminación de su magna creación.   

REFLEXIONES FINALES

Después de haber estudiado las características de la ley de Moisés  y la ley de los diez mandamientos, precisa analizar que es vivir bajo la gracia.

El pueblo hebreo estuvo subyugado por centurias a la ley mosaica.  Ninguna otra nación sufrió este proceso; nosotros los gentiles nos formaron a través de culturas paganas.  Nuestra conversión al Hijo de Dios, fue el medio para que éste nos otorgara la gracia.  La gracia, como lo explica el diccionario Larousse, es un don de Dios, perdón, etc.  Sin embargo, para alcanzarla el cristiano debe experimentar cambios sustanciales en su vida; siendo justificado por la sangre preciosa del Hijo de Dios y ha adoptar como estandarte la fe.  La fe como explica el libro de Judas en el versículo 3 único capítulo es la palabra de Dios fundamentada en la ley de la fe; las diez palabras de vida, conocido también como el evangelio de fe, Romanos 1:17;  alcanzando así el grado de justo.

El diccionario Larousse define la palabra justo a aquel que vive conforme a la justicia, y que guarda la ley de Dios.  El concepto que nos proporciona el diccionario sobre el vocablo justo, es real, porque la misma palabra del Eterno la avala; una vez que el siervo de Dios alcanza este rango de justo, cumpliendo la ley de Dios, vive bajo la gracia. Veamos este otro enunciado: “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia”.  ROMANOS 6:14.  Cuando el Hijo de Dios se deleita observando la Santa ley, ésta no la acusa.  Ciertamente el siervo de Dios como humano es proclive a cometer faltas, ofensas, debilidades, etc.  Sin embargo, cuida de no cometer ilícitos graves que afecte su vida espiritual que ofenda al Señor y a su prójimo.  Veamos el versículo 15 de este mismo capítulo 6 de Romanos.  “Que, pues… ¿pecaremos porque no estamos bajo la ley sino bajo la gracia? En ninguna manera” este versículo clarifica el punto en análisis, como vivir bajo la gracia.  Ésta es otorgada únicamente a los que viven en santificación. 

Ninguno que vive infringiendo la ley de Dios, permanece en la gracia.  Imposible!  La ley de Dios como explicamos es nuestra brújula y nos capacita para vivir una vida ordenada delante de Dios y con nuestro prójimo,

como nos lo ejemplifica el siguiente caso:  “Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo:  Maestro, cual es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo:  Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, y con toda tu mente.  Este es el primero y grande mandamiento”.  

Analicemos brevemente esta parte.  Para cumplir este gran mandamiento, Dios exige de sus seguidores amarlo.  Y cómo evidenciar este amor por él?  “Si me amáis guardad mis mandamientos”.  JUAN 14:15.  ¿Cuáles mandamientos? Por favor repase  la página 9 donde está escrito el Santo decálogo y encontrará que los primeros cuatro mandamientos corresponden a Dios.

Continua diciendo el texto en análisis, este es el primero y grande mandamiento.  El segundo es semejante:  “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.  De éstos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”.   MATEO 22:35 al 40.  La ley de Dios pues, comprende 10 puntos, cuatro mandamientos que exige el Eterno para sí y seis para nuestro prójimo.  Veamos cómo se expresa el Señor con respecto a la relación que debe existir con nuestro prójimo.  “Este es mi mandamiento que os améis unos a otros como yo os he amado”.  JUAN 15:12.  El apóstol Santiago confirma lo dicho por el Señor:  “Si en verdad cumplís la ley real conforme a la escritura:  Amarás a tu prójimo como a ti mismo bien hacéis”. Pablo en una forma más clara y categórica  refiere sobre las obligaciones del siervo de Dios para con su prójimo.  “Porque:  no adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, y cualquier otro mandamiento en esta sentencia se resume:  Amarás a tu prójimo como a ti mismo.  Y concluye diciendo:  Porque el que ama al prójimo ha cumplido la ley”.  ROMANOS 13:8 y 9.

LA LEGALIDAD DE LA LEY DE DIOS

“Pero sabemos que la ley es buena si uno la usa legítimamente”. 1raTIMONTEO 1:8.  La persona justa que vive por fe tiene el compromiso moral de legitimar la ley, es decir, le otorga el valor que ésta posee.  El apóstol Pablo apuesta por una ley auténtica, cuya legitimidad le darán los siervos de Dios a través de su práctica.  El cristiano debe desempeñarse en todos los ámbitos de la vida en un marco legal, cumpliendo con todas las leyes, por ejemplo, que el estado le exige; el compromiso se extiende a la familia, iglesia y a la sociedad en general.  “No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley”. ROMANOS 13:8.  El justo lleva entonces una vida intachable y está en el rango de los que viven bajo la gracia, porque la ley de Dios no lo condena. 

Ahora bien, ¿para quienes es la ley? “Conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores.  Para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, mentirosos etc.” 1ra TIMOTEO 1:9 y 10.

Todo este grupo de personas hacedoras de maldad, permanece bajo la ley.  Esta, reiteramos, está compuesta por diez puntos, y no se puede guardar solo parte de ella, porque escrito está:  “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto se hace culpable de todos…”. SANTIAGO 2:10 y 11.

CONCLUSION

De nuestra obediencia a la ley de los diez mandamientos dependerá nuestra salvación; salvación, que día a  día  los hijos de Dios buscan obtener a través de numerosas dificultades o pruebas en su diario vivir.  “ Y si el justo con dificultad se salva, en donde aparecerá el infiel y el pecador?”.  1ra PEDRO 4:18.  La entrada al reino para la mayoría se ha puesto cuesta arriba por el rechazo  a la perfecta ley del Eterno.  Esta, la salvación, está reservada para los que viven en plena obediencia al Altísimo.  “Bienaventurados (dichosos) los que guardan los mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida y que entren por las puertas de la ciudad”. APOCALIPSIS 22:14.  “Él le dijo:  ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno:  Dios.  Más si quieres entrar en la vida guarda los mandamientos”.  MATEO 19:17.   

En su segundo retorno glorioso nuestro señor Jesucristo, no vendrá esta vez como salvador; sino en calidad de juez, a dar a cada uno lo que merece.  Los jueces terrenales al dictaminar sentencia contra los culpables se fundamentan en la ley, haciendo del conocimiento de los delitos en que incurrieron.  Así también nuestro Señor Jesucristo al dictar sentencia se fundamentará en la ley de Dios.  “Porque todos los que sin ley han pecado sin ley también perecerán; (este grupo comprende a todos aquellos que afirman que en esta dispensación no hay ley que cumplir; sin ley morirán) y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados” (este grupo lo conforman las personas que conociendo la ley la infringieron; también serán juzgados) ROMANOS 2:12.

Apreciable lector ¿Quiere obtener vida eterna y parte en el reino? Guarde los mandamientos de Dios.

Para finalizar este estudio surge una interrogante: ¿en qué ley se basará el Hijo de Dios para el juzgamiento y sentencia? “Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad”. SANTIAGO 2:12. 

Entonces la ley de Dios, finalizará su cometido como lo expresa el Maestro:  “Porque de cierto os digo hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una j ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido”.  MATEO 5:18

“La Gracia sea con todos los aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable”.  EFESIOS 6:24.

LA IGLESIA DE DIOS Y SU TEMATICA

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