fbpx

“Dicenle: Maestro, esta mujer ha sido tomada en el mismo hecho, adulterando; y en la ley de Moisès nos mandò apedrear a las tales: tù pues, que dices?”. Juan 8:4 y 5

El estudio en turno ha causado criterios divergentes entre los estudiosos de la palabra de Dios.

En este punto doctrinal la iglesia de Dios presenta su punto de vista en una forma clara y comprensiva.  No pretendemos causar más confusión sobre el particular, sino analizarlo desde una perspectiva en la cual se refleje la verdad escritural. Nuestro tema, como lo indica el título, hace referencia a la ley y la gracia y precisa conocer el significado de ambos vocablos.  Esto nos facilitará mejor comprensión al abordarlo.

Según el diccionario Larousse, el significado de la palabra ley es:  Regla obligatoria y necesaria.

El termino gracia según el mismo diccionario significa:  Conceder una gracia. 

Donde Dios otorga perdón o indulto.

Con relación a la ley ésta ha existido desde la antigüedad.  Cuando Dios formó a Israel, dictaminó leyes que regulara sus actividades sociales, económicas, religiosas etc.  Era preciso organizar al pueblo hebreo para que no cayera en la anarquía (ausencia de autoridad, desorden, confusión por falta de dirección).   Dios, es un Dios de orden y desde el principio quiso que Israel como pueblo caminara delante de El con rectitud: “Mirad, yo os he enseñado estatutos y decretos como Jehová mi Dios me mandó, para que hagáis así en medio de la tierra en la cual entráis para tomar posesión de ella.  Guardadlos pues y ponedlos por obra ; porque esta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es ésta.  ¿Qué nación grande hay que tenga estatutos y juicios justos como en toda esta ley que yo pongo delante de vosotros?”.  DEUTERONOMIO 4:5,6 Y 8.

Todo este compendio de leyes estaban escritas en el libro del pacto (el quebrantamiento de dichos estatutos culminaba con la muerte del infractor) y que el pueblo de Israel se comprometió a obedecer: “Y tomó el libro del pacto (escrito por Moisés) y lo leyó a oídos del pueblo, haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos”.  EXODO 24:7.

Paralelo al libro de la ley existía la ley de los diez mandamientos.  EXODO 20:1-17.

Dichos mandamientos habían sido escritos con el dedo de Dios.  EXODO 31:18.

Así entonces el pueblo hebreo obedecía la ley del libro del pacto dado por Moisés y la ley de los diez mandamientos otorgada por el Eterno en el monte Sinaí según EXODO 20.

La vigencia del libro del pacto de la ley, Dios determinó que fuera temporal:  “Y cuando acabó Moisés de escribir las palabras de esta ley hasta concluirse; dio órdenes Moisés a los levitas que llevaban el arca del pacto de Jehová, diciendo: “Tomad este libro de la ley, y ponedlo a lado del arca del pacto de Jehová vuestro Dios, y esté allí por testigo contra ti”  DEUTERONOMIO 31:24 y 26.

Por aparte, la ley de los diez mandamientos expresadas en las tablas iba a ser eterna:  “Escribió en las tablas conforme a la primera escritura, los diez mandamientos que Jehová os había hablado en el monte de en medio del fuego, el día de la asamblea y me las dio Jehová, y volví y descendí del monte y puse las tablas en el arca que había hecho; y allí están como Jehová me mandó” DEUTERONOMIO 10:4y 5.

EL MINISTERIO DE MUERTE

Como explicábamos, el establecimiento de la ley a través del libro del pacto escrito por Moisés, sirvió para regular la vida del pueblo Hebreo.  

El apóstol Pablo nos declara el propósito de esta ley:  “Entonces, ¿para qué sirve la ley?.  Fue añadida a causa de las transgresiones hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador”(Moisés).  GALATAS 3:19.  La versión la Nueva Biblia Latinoamérica traduce la primera parte así, “entonces ¿para qué se dio la ley? Fue dada con miras a los delitos” GALATAS 3:19.  Partiendo pues de este contexto, se emitieron leyes rígidas en este ministerio, con carácter preventivo a la nación a no cometer ilícitos.  Entre otros:  “El que hiriere a alguno, haciéndole así morir, el morirá.  Asimismo el que secuestre a una persona y la vendiere, o si fuere hallada en sus manos, morirá.  Igualmente el que maldijere a su padre o a su madre morirá”.  EXODO 21:12,16 y 17.  “El que ofreciere sacrificios a dioses excepto solamente a Jehová, será muerto.  Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos”. EXODO 22:20; LEVITICO 20:10, EXODO 35:2y3.

Por aparte, el sacerdote que oficiaba en el templo de Jehová llevaba el pecado del pueblo:  “Si el sacerdote ungido pecare según el pecado del pueblo, ofrecerá a Jehová por su pecado que habrá cometido, un becerro sin defecto para expiación”. LEVITICO 4:3.  En este renglón existían leyes relacionadas al sacrifico; en este caso el sacerdote llevaría el pecado del pueblo y presentaría su sacrificio a Jehová para ser perdonado.

La práctica del rito de la circuncisión, era obligatoria para el pueblo hebreo: 

“Este es mi pacto que guardareis entre mi y vosotros y tu descendencia después de ti; será circuncidado

todo varón de entre vosotros”.  GENESIS 17:10.

Sintetizando esta parte, reiteramos, que:  circuncisión, sacrificios, purificaciones, ceremonias y otras observancias rituales, fue el marco legal que rigió la vida de todo un pueblo a través del libro del pacto de la ley   y que la pusieron por obra”.  DEUTERONOMIO 4:14.

EL MINISTERIO DEL ESPIRITU

El apóstol Pablo hace diferencia del ministerio de muerte establecido en la ley mosaica con el ministerio del espíritu:  “El cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra sino del espíritu; porque la letra mata, más el espíritu vivifica.  Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedra fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer.  Porque si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justificación”.  2ª CORINTIOS 3:6,7y9.

La presencia del Hijo de Dios en esta tierra tendría como objetivo justificar al hombre a través de su muerte.  Es más, hacerlo perfecto.

Con respecto a la ley de los diez mandamientos que había estado en vigencia en el antiguo pacto, como leímos, toda persona que la infringía moría irremisiblemente.  Dicha ley, reiteramos, había sido puesta dentro del arca, denotando su permanencia.  El Señor Jesucristo elevó dicha ley al plano espiritual y la perfeccionó:  “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar sino para cumplir”.  MATEO 5:17.  La versión La Nueva Biblia Latinoamérica traduce esta cita así:  “No crean que yo vine a suprimir la ley o los profetas:  no vine a suprimirla, sino para darle su forma definitiva”.  No hubo entonces supresión de la ley, sino la perfección de ésta.  

Ahora bien ¿Cuál sería el papel de la ley en orden de los diez mandamientos en esta dispensación evangélica?

He aquí un ejemplo:  “Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón”.  MATEO 5:28. 

En el libro de la ley se castigaba con la pena de muerte a las personas sorprendidas en pleno acto de adulterio; en esta dispensación basta con codiciar a una mujer para que este acto se consuma; este nuevo sistema exige a los siervos de Dios vivir en santidad plena.  Insistimos  pues, el Señor no vino a eximir a su pueblo de guardar la ley moral, al contrario, el fue nuestro ejemplo, cumpliéndola:  “Si guardaréis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, ASI COMO YO HE GUARDADO LOS MANDAMIENTOS DE MI PADRE y permanezco en su amor” JUAN 15:10.

El apóstol Juan nos narra en su capítulo 8 de un hecho controversial provocado por una mujer hallada en adulterio por un grupo de judíos practicantes y celosos de la ley mosaica:  “Entonces los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio le dijeron:  Maestro esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio.  Y en la ley nos manda Moisés a apedrear a tales mujeres.  Tu pues, ¿Qué dices?”.  Era una pregunta que comprometía al Señor, puesto que la ley de Moisés tenía siglos de estar en vigencia, y según los fariseos Cristo carecía de facultad para cambiarla.    “Y como insistieron en preguntarle, se enderezó y les dijo:  El que de vosotros este sin pecado sea el primero en arrojar la primera piedra contra ella.  Pero ellos al oír esto acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús y la mujer que estaba en medio.  Enderezándose Jesús y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo:  Mujer ¿Dónde están los que te acusaban? ¿ninguno te condenó? Ella dijo:  ninguno Señor. 

Entonces Jesús le dijo:  ni yo te condeno; vete y no peques más.” Juan 8:7.

La gracia que emanó del Señor fue la providencia salvadora de aquella mujer a través del perdón que le otorgaba. 

Ahora bien, con la actitud asumida por el Señor ¿invalidaba la ley de los diez mandamientos? definitivamente no; esta ley ya era de carácter moral.  Con el perdón que le otorgaba la libraba de la muerte y la justificaba con la condición de no pecar más.  La vida de esta mujer cambiaría totalmente del pecado a su santificación.

DE LA LEY MOSAICA A LOS DIEZ MANDAMIENTOS 

El apóstol Pablo antes de su conversión al Señor, era ardiente observador de la ley mosaica, como el mismo se describe en Filipenses 3:5 y 6:  “Hebreo de hebreos; en cuando a la ley, fariseo.  En cuanto a la justicia que es la ley, irreprensible”.  Estas eran reflexiones que Pablo hacía referencia de su vida anterior de la práctica rigurosa de la ley.

Una vez convertido reconoció que su justificación no había sido producto de la ley mosaica, sino a través de la justicia del Hijo de Dios:  “Y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe”. FILIPENSES 3:9.  Sobre este punto es más especifico en Gálatas 3:10:  “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está:  Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley para hacerlas”.  El apóstol está siendo enfático en este punto doctrinal la referencia del capítulo 24 de Éxodo y los versículos 7 y 8, donde se hace mención del libro del pacto, el cual contenía diversas leyes ceremoniales que regían la vida del pueblo de Israel.  Recordemos también que dicho libro de la ley contenía el mandato de la expiación del pecado del pueblo a través de sacrificios de animales limpios, que nunca supo justificar definitivamente a los hebreos.  LEVITICO 16:3.  Retomando Gálatas 3:10, hacemos referencia en dos términos importantes:  Obras de la ley y libro de la ley que no guarda ninguna relación con la ley de los diez mandamientos escritas en aquel entonces en unas tablas.

El apóstol Pablo una vez convertido de la ley de Moisés a la gracia enfrentó la dura crítica de los fariseos, guardadores celosos de la ley de Moisés.  Estos obligaban a los nuevos conversos en la fe de Jesucristo que practicaran las obras de la ley.  “Pero algunos de las sectas de los fariseos que habían creído, se levantaron diciendo:  es necesario circuncidarlos y mandarles que guarden la ley de Moisés”.  HECHOS 15:5.  Los fariseos que en su mayoría eran doctos de la ley mosaica querían que los nuevos convertidos al evangelio, retrocedieran, cumpliendo de nuevo aquellos decretos que habían sido cancelados con la muerte del Hijo de Dios.  “Sabed, pues, esto varones hermanos que por medio de él(Jesucristo) se os anuncia perdón de pecados, y que de todo aquello  de que por la ley de Moisés no pudiste ser justificado, en El es justificado todo aquel que en él cree”. HECHOS 13:38y 39.  “Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree”. ROMANOS 10:4.  Reiteramos, que la ley de Moisés había cumplido su objetivo final para el pueblo hebreo.  La ley de Moisés fue una guía que los conduciría a Cristo.  En este contexto leamos con que claridad se expresa la versión La Nueva Biblia Latinoamérica:  “Antes de que llegaran los tiempos de la fe, la ley nos guardaba en espera de la fe que se iba a revelar.  Para nosotros ella fue la sirvienta que lleva al niño a su maestro; nos conducía a Cristo, para que al creer en él fuéramos justos por medio de la fe.  Al llegar entonces la fe, esa sirvienta(la ley de Moisés) no tiene ya autoridad sobre nosotros”.  GALATAS 3:23-25.  Dicha ley había sido abolida mediante el sacrificio del varón de dolores en la cruz del calvario.   “Aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ritos, para crear en sí mismo de los dos(judíos y gentiles) un solo y nuevo hombre haciendo la paz”.  EFESIOS 2:15.

En el mismo orden, en Gálatas 3:13, Pablo refiere:  “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición, porque está escrito:  Maldito todo el que es colgado en un madero”.

Los expositores modernos por evadir la responsabilidad de observar la santa ley de Dios, afirman que esta ley constituye una maldición.  Contrario a lo que nos ha expresado la palabra de Dios, a través de los textos bíblicos presentados; esta ley de Gálatas 3:13 es totalmente diferente de la ley de los diez mandamientos que Cristo vino a magnificar según Mateo 5:17.  La ley de Moisés, reiteramos, nunca justificó al hombre a través de los sacrificios rituales que la misma exigía.  “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y con el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”. ROMANOS 5:12.  Y otra vez:  “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”.  ROMANOS 3:23.  Esta era la sentencia que privaba en el mundo, todos estábamos condenados puesto que ningún sistema humano nos podía redimir; ante la ineficacia de la ley mosaica, se necesitaba de un sacrificio eficaz y permanente que justificara plenamente al hombre.  El Hijo de Dios cargó con todo el pecado del mundo en un solo sacrificio, redimiéndonos de esta manera de aquella ley que había cumplido su propósito con el pueblo hebreo.

Retomando Gálatas 3:13 en la versión Latinoamérica traduce así este versículo:  “Pero Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose el mismo maldición por nosotros”.

El Hijo de Dios estaba reservado para rescatarnos del pecado.  “Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate.  Porque la redención de su vida es de gran precio, y no se logrará jamás, para que viva en adelante para siempre y nunca vea corrupción”.  SALMO 49:7 al 9.  En efecto, ningún sistema mosaico, en este caso la ley podría redimir definitivamente a la humanidad, porque:  “Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres.  Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados”.  HEBREOS 7:28; HEBREOS 10:11.  Por lo expuesto entendemos que la ley mosaica era ministrada por sacerdotes que llevaban inherente el pecado, y ellos mismos necesitaban de una justificación definitiva.  Cristo como lo explica la versión Latinoamérica se hizo pecado por nosotros y llevó consigo mismo la maldición en la cruz del calvario, sin embargo, la corte celestial lo declaró inocente.

LA LEY DE LA FE

El apóstol Pablo una vez que desvirtuó la ley mosaica conforme a ritos hizo referencia en la práctica de la fe:  “Concluimos, pues, que el hombre es justificado por la fe sin las obras de la ley”.  ROMANOS 3:28.  El diccionario Larousse nos proporciona un concepto claro del significado fe:  Confianza, tener fe en las afirmaciones de otro.  Fidelidad etc.

La palabra de Dios expone su punto de vista sobre este particular:  “Es pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.  HEBREOS 11:1.

Cuando el apóstol Pablo habla de la fe no puede prescindir en sus escritos del patriarca Abraham, nuestro padre en la fe.  “Sabed, por tanto, que los que son de fe, estos son hijos de Abraham.  Y el versículo 6 de este mismo capítulo Dios justifica a Abraham:  “Así Abraham creyó a Dios y le fue contada por justicia”.  GALATAS 3:6 y 7.  En este contexto Pablo lidiaba con la necedad de algunos judíos conversos, estos se aferraban a las prácticas de las obras de la ley mosaica.  Ellos negaban que la fe de Jesucristo los justificaría.  Hasta cierto punto era comprensible la actitud de algunos judíos conversos, pues conservaban aún en la memoria todos los sacrificios, ritos, etc, de aquella ley abolida.  Eran materialistas, porque para ellos era imposible que su justificación  llegara una sola vez a través del sacrificio del Varón de dolores.  Pablo intentaba reiteradamente convencerlos del cambio de las obras de la ley a la práctica de la fe:  “Aquel, pues, que os suministra el espíritu y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley o por el oír de la fe”?.  GALATAS 3:5.  Y concluye diciendo:  ¿Dónde pues, esta la jactancia? Queda excluida.  Por cual ley? ¿por la de las obras?.  No, sino por la ley de la fe.  ROMANOS 3:27. ¿Què es esta ley y en què consiste?

Continuarà

Impactos: 33