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¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? Gálatas 3:3

En esta parte haremos un sumario de lo más importante de la primera exposición donde destaca la descripción literal de las siete fiestas levíticas que formaron parte de la ley de Moisés.  Dichas ceremonias están descritas en el capitulo 23 del libro de levítico.

El esplendor de las festividades levíticas concluyó cuando el Señor Jesucristo ejecuta el nuevo pacto—Malaquías 3:1; Hebreos 9:15 etc—.

Otros aspectos no menos importantes que consideramos en la temática anterior, si el Maestro había guardado las fiestas durante su ministerio y según el canon divino, niega su participación en estas ceremonias—Juan 11:55 y 56—.  Su presencia en esas actividades llevaba otro fin: ganar almas para su reino—Juan 7:14; 7:37 etc—. Hicimos hincapié de la diferencia entre pascua y  santa cena— 1ra de Corintios 11:20–..Los expositores de estas fiestas afirman que las dos fiestas son idénticas sin embargo, son diametralmente opuestas ya que la primera—la pascua— era un rito cuyas partes eran panes sin levadura, hierbas amargas, un cordero asado, etc, cuyo símbolo fue la liberación del pueblo de Israel en la nación de Egipto—Éxodo 12:11—.  En contra posición de la pascua, Jesús la elevó al plano espiritual a través de los emblemas santos que significa su cuerpo y su sangre—Mateo 26:26; Marcos 14:23-25—.

Entrando en el análisis de esta segunda parte, estudiaremos a la luz de las Sagradas Escrituras si el apóstol Pablo y la iglesia primitiva abrazaron estas fiestas.

Leyendo en los anales bíblicos encontramos que Saulo—nombre antes de su conversión al Señor—era un celoso guardián de la ley de Moisés.  ¿Cómo se definía? “Los cuales también saben que yo desde el principio si quieren testificarlo, conforme a la más rigurosa secta de nuestra religión, viví fariseo” Hechos 26:5.  “Yo de cierto soy judío nacido en Tarso de Cilicia, pero creado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel estrictamente conforme a la ley de nuestros padres, celoso de Dios, como hoy los sois todos nosotros”. Hechos 22:3.  Saulo persiguió a la incipiente iglesia del primer siglo para resguardar la ley de Moisés, que según el, no era acatada por los seguidores de Jesús.  “En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles.  Y Saulo asolaba a la iglesia y entrando casa por casa arrastraba a hombres y mujeres y los entregaba en la cárcel”. Hechos 8:1 y 3.  Saulo consintió la muerte de Esteban.

“Y apedrearon a Esteban, invocando èl y diciendo: Señor Jesùs recibe mi espìritu.

Y Saulo consentìa en su muerte”. Hechos 7:59 y 8:1. 

Esta era la implacable personalidad de Saulo que con rudeza inusitada trataba de destruir la fe de los primeros cristianos.  Sin embargo, en el versículo 13 de Gálatas 1, Pablo ya convertido a la fe da testimonio del llamamiento del Señor: “Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre por su gracia”. Y más tarde se constituyó en contra de la ley mosaica que con tanto ardor había defendido. “Anulando el pacto de los decretos—resolución, sentencia, veredicto, etc—que había contra nosotros que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz.  Por tanto nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto en días de fiesta luna nueva o días de reposo”. Colosenses 2:14 y 16;  –estos días de reposo o sábados que menciona Pablo eran de carácter ceremonial. Levítico 23:34 y 23:32.  En esta parte no hace referencia al sábado semanal como cuarto mandamiento instituido por el Señor, en la era patriarcal, una vez terminada su creación. Génesis 2:3–. 

Pablo había llegado al convencimiento pleno que aquella ley judía con todos sus elementos—ofrendas, libaciones, sacrificios, bebidas, etc, había llegado a su fin.  “Ya que consiste solo de comidas y bebidas de diversas abluciones y ordenanzas acerca de la carne hasta el tiempo de la corrección”. Hebreos 9:10.  De ahí sus escritos a los Gálatas que orientaba a los gentiles a desechar la ley de Moisés.  “Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo”. Gálatas 2:16.  Pablo entonces tenia que revertir la ley mosaica y sustituirla por la fe de Jesucristo; para tal misión adoptó algunas estrategias para conseguirlo. 

“Me he hecho a los judíos como judío para ganar a los judíos; los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley)

como sujeto a la ley para ganar a los que están sujetos a la ley;

A los que están sin ley como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley.  Me he hecho débil a los débiles para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos.” 1ra Corintios 9:20-22.  En los textos leídos, el apóstol hace énfasis de su entrega completa a la causa del evangelio. 

Pablo había sido designado para evangelizar a los gentiles, sin embargo, su incansable obra de salvación fue integral exhortando al arrepentimiento a través de la fe a todos los sectores de aquel entonces, incluyendo a sus hermanos de nación.  

En el contexto de las fiestas, el apóstol ya no subía—como solía hacerlo antes de su conversión—a celebrar las festividades anualmente a Jerusalén.  “Después pasados tres años subí a Jerusalén para ver a Pedro y permanecer con él 15 días”. Gálatas 1:18.  A estas alturas el apóstol resta importancia a dichas festividades y se limita a explicar en su carta que el motivo de hacer presencia en Jerusalén era la visita al apóstol Pedro.  En el mismo libro a los Gálatas, ratifica lo expuesto en la cita anterior.  “Después, pasados 14 años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando conmigo también a Tito”. Gálatas 2:1.  El otrora celoso guardián de la ley le brindaba poco o nada de importancia a las fiestas que se desarrollaban anualmente en Jerusalén.  Tanto así que exponemos otro testimonio del apóstol registrado por el medico Lucas, en cuya narración Pablo, contemplaba la posibilidad de hacer presencia en Jerusalén para el día de pentecostés.  “Porque Pablo se había propuesto pasar de largo a Éfeso, para no detenerse en Asia, pues se apresuraba por hacer el día de pentecostés, si le fuese posible en Jerusalén”. Hechos 20:16.  Observemos que para Pablo ya no era prioridad estar presente en Jerusalén para la celebración de esta ceremonia y como lo explica Lucas era solo una posibilidad. 

Sin embargo, las Sagradas Escrituras revelan que era notoria la presencia de Pablo en esas fiestas.  ¿Con que propósito?  Entre otras razones era para persuadir a los conversos en la fe de Jesucristo a no dejarse sorprender por los de la circuncisión—judíos sujetos a la ley de Moisés—.  “Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: sino os circuncidáis conforme al rito de Moisés no podéis ser salvos.  Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos— los judíos—se dispuso a que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y ancianos para tratar esta cuestión”. Hechos 15:1 y 2.  En este concilio convocado por los apóstoles trataron con rigurosidad este punto doctrinal, de exhortar a los gentiles conversos a seguir la fe.  No obstante la presión recibida de los fariseos a guardar la ley de Moisés—versículo 4—.  Pablo por enésima vez les reconviene a ignorar la práctica estéril de la ley de Moisés en plena dispensación evangélica.  “Ahora, pues, ¿porque tentáis a Dios, poniéndole sobre la cerviz de los discípulos un yugo—las obras de la ley—que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?” Hechos 15:10.

APERTURA DE LA PUERTA

El apóstol Pablo según los escritos divinos su misión, reiteramos, era evangelizar a los gentiles, sin embargo, su celo y amor se inclinaron para sus hermanos de nación.  “Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación”. Romanos 10:1.  Y lo habría expuesto en la cita a los Corintios referida en este estudio.  “Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos”… 1ra de Corintios 8:20.  De esta forma, aun a costa de su propia vida persuadía a sus compatriotas a que abandonasen la práctica de las obras de la ley.  El apóstol como lo expone en una de sus cartas, predicaba a tiempo y fuera de tiempo y en su incansable labor misionera asistió a las fiestas que celebraban los judíos, como lo expone el siguiente relato: “Porque no quiero veros ahora de paso, pues espero estar con vosotros algún tiempo, si el Señor lo permite.  Pero estaré en Éfeso hasta el pentecostés”.  ¿Con que fin subiría Pablo a Jerusalén?  En este relato Pablo explica el propósito de estar en esta ceremonia.  “Porque se me ha abierto puerta grande y eficaz y muchos son los adversarios”. 1ra de Corintios 16:7-9.  Así, el Señor abre a Pablo la brillante oportunidad para evangelizar a sus conciudadanos, sin embargo, no era una tarea nada fácil ya que tenia que enfrentar a sus detractores—sus adversarios, la élite farisea, celosos de la ley—y en esa lucha que con vehemencia sostuvo el apóstol tuvo sus frutos; porque de su predicación y del resto de los apóstoles se convirtieron las premisas del evangelio: ciento cuarenta y cuatro mil judíos.

Volviendo a Hechos 20:16.  “Porque Pablo se había propuesto pasar de largo a Éfeso, para no detenerse en Asia; porque se apresuraba por hacer el día de pentecostés, si le fuese posible en Jerusalén”—versión antigua—.  Los que abogan por la vigencia de las tres fiestas levíticas afirman que este texto es un sustento doctrinal por  lo cual se fundamenta la celebración de esta actividad.  Sin embargo  la versión Valera de los años 60 traduce así:  “Porque Pablo se había propuesto pasar de largo a Éfeso, para no detenerse en Asia, pues se apresuraba por estar el día de pentecostés…” Esta versión confirma el trabajo asiduo de evangelización que hacia Pablo a los judíos durante las fiestas.

En otro orden, los referentes de las tres fiestas levíticas apuestan por la vigencia de estas festividades, por ser de carácter perpetuo; si asumimos que ésta es una razón valedera para fundamentar la observancia de estas fiestas, hay que ser consecuentes con las demás festividades que tienen este mismo carácter.  Por ejemplo la circuncisión: “Este es mi pacto, que guardareis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti; será circuncidado todo varón entre vosotros.  Debe ser circuncidado el nacido en tu casa y el comprado por tu dinero; y estará mi pacto en vuestra carne por pacto perpetuo”. Génesis 17:10 y 13.

El día de la expiación: “A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová. Ningún trabajo haréis.  Estatuto perpetuo es por vuestras generaciones en donde que habitéis”. Levítico 23:27 y 31.

Las trompetas: “Pero para reunir a la congregación tocareis, más no con sonido de alarma.  Y los hijos de Aarón, los sacerdotes, tocaran las trompetas; y las tendréis por estatuto perpetuo por vuestras generaciones”. Números 10:7 y 8.

El uso de las lámparas: “Y mandarás a los hijos de Israel que te traigan aceite puro de olivas machacadas, para el alumbrado, para hacer arder continuamente las lámparas.  En el tabernáculo de reunión, afuera del velo que está delante del testimonio, los pondrá en orden a Aarón y sus hijos para que ardan delante de Jehová desde la tarde hasta la mañana, como estatuto perpetuo de los hijos de Israel por sus generaciones”. Éxodo 27:20-21 etc.  Estas festividades formaron parte de las fiestas y con justicia tienen el mismo valor que las otras tres que “observan” sus seguidores ¿Entonces, porque las evaden?

LA IGLESIA Y LA FIESTA DE  PENTECOSTÉS

“Cuando llegó el día de pentecostés, estaban todos unánimes juntos”. Hechos 2:1.  Los defensores de las tres fiestas esgrimen que la iglesia primitiva permanecía unánime, presta para la celebración de esta fiesta agrícola.  Sin embargo, es difícil fundamentar una enseñanza de tal magnitud en un versículo aislado, por lo que es imprescindible leer las porciones posteriores para entender el porque la presencia de la iglesia en ese ceremonial.

Esta fiesta se celebraba en el día quincuagésimo después del día siguiente al sábado ceremonial. Levítico 23:11.  Como ya explicamos, en el antiguo testamento se conocía como fiesta de la cosecha de las primicias. Éxodo 23:16, en el cual los judíos en gratitud presentaban al Señor los primeros frutos de su cosecha—cebada, trigo, etc—. Esta fiesta, reiteramos, se celebraba exclusivamente en Jerusalén, en cuyo lugar permanecía el templo donde los judíos presentaban todas sus ofrendas. Ahora bien, ¿con que propósito estaba reunida la iglesia en Jerusalén?  Recordemos que la iglesia primitiva siempre practicó la unanimidad, incluso para las causas sociales—Hechos 4:32-35.

LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO

“Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas— idiomas—repartidas, como de fuego asentándose sobre cada uno de ellos.  Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.  Moraban en Jerusalén judíos varones piadosos de todas las naciones bajo el cielo.  Y estaban atónitos y maravillados diciendo: mirad ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo pues, los oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?” Hechos 2:2-8.

De estos trozos leídos analicemos tres puntos importantes que ocurrieron en esta festividad. 

Primero: que el Espíritu Santo repartió a la iglesia lenguas o idiomas para comunicar las buenas nuevas.  No se trata “del don de lenguas” que practican algunas iglesias cuyo lenguaje es incoherente. 

Segundo: que a Jerusalén—con el propósito de la fiesta—habían llegado judíos desde lejanas tierras a ofrecer sus ofrendas al templo–versículos 9 y 10. 

Tercero: que estaban maravillados pues los apóstoles les hablaban en su idioma perfectamente entendible.  ¿Qué mensaje recibieron todos los judíos?…

“Les oímos hablar en nuestras lenguas, las maravillas de nuestro Dios” Hechos 2:11.  ¿Cuáles maravillas? En todo el capitulo 2

del libro de los hechos testifica del impactante testimonio de salvación que recibieron los judíos ahí presentes.  Pedro, en nombre de los 11 presidió este discurso—versículo 14—.  

A continuación extractamos la parte medular de las palabras del apóstol, cuyo mensaje conmovió el corazón de los hebreos.  “Sepa entonces con seguridad toda la gente de Israel que Dios ha hecho Señor y Cristo a este Jesús a quienes ustedes crucificaron.  Al oír esto, se afligieron profundamente.  Dijeron, pues, a Pedro y a los demás apóstoles: hermanos, ¿Qué debemos hacer?” ¿Cuál fue la respuesta de los judíos una vez que Pedro presentó en su mensaje al Señor Jesucristo como Salvador y Redentor? “Los que creyeron fueron bautizados y en aquel día se les unieron alrededor de tres mil personas”. Verso 41.

Este es el perfecto símbolo de las primicias de la fiesta de pentecostés, ya no eran frutos, ni trigo que llevarían como presente al Eterno, sino serian las primicias— almas arrepentidas—de aquel pueblo cuyo Salvador es Jesucristo.

PABLO Y LOS PANES SIN LEVADURA

“Y nosotros, pasados los días de los panes sin levadura, navegamos de Filipos, y en cinco días nos reunimos con ellos en Troas, donde nos quedamos siete días”. Hechos 20:6.

Los referentes de las fiestas, afirman que Pablo guardó este ceremonial basándose aparentemente en el texto aludido arriba.  Sin embargo, si leemos con detenimiento la narración del apóstol de su itinerario, solo está tomando como referencia esta festividad.  Un turista, –por ejemplo—que viaja a Israel en los días que esta nación celebra el día del perdón, más tarde, entre sus apuntes o testimonio dará fe que efectivamente permaneció en Israel ese día; sin embargo, esto no implica que el haya tenido parte en esta festividad.

Otro referente más claro con relación al ceremonial de los panes sin levadura, lo encontramos en los escritos de Lucas.  “En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles.  Y mató a espada a Jacobo hermano de Juan.  Y viendo que esto había agradado a los judíos, procedió a aprehender a Pedro.  Eran entonces los siete días de los panes sin levadura”. Hechos 12:1-3.  Según la narración de Lucas, da fe del maltrato del rey Herodes a algunos de los apóstoles, y la ejecución posterior de Jacobo, ¿Para que? Para congraciarse con los judíos, mandó también a capturar a Pedro.  Notorio es que los apóstoles no formaban parte con los judíos en esta celebración; al contrario, los judíos los tuvieron por enemigos por rechazar la ley de Moisés.  Herodes observó esta diferencia entre ambos grupos y procedió  arremeter contra la iglesia. ¿En que tiempo se efectuó esta agresión contra los discípulos del Señor?  Nuevamente la palabra del Señor nos da su referencia.  “Eran entonces los días de los panes sin levadura? Hechos 12:3.

REFLEXIONES FINALES

El estudio de las fiestas levíticas es compleja, por existir diversas connotaciones en torno a éstas.  En esta parte quizás solo expusimos un resumen, en los cuales la palabra de Dios determina que ni el Señor Jesucristo, ni los apóstoles, ni la iglesia guardaron estas festividades.

Israel, insistimos, es la única nación que con júbilo y reverencia observa estas fiestas, por ejemplo, pesaj—la pascua—por ser el recordatorio perfecto de su liberación en la tierra de Egipto; como celebran su independencia el resto de las naciones, sin embargo, el pueblo gentil es totalmente ajeno a esta actividad estrictamente literal; exceptuando los símbolos que contienen dichas ceremonias que representan el plan de salvación del genero humano; por cuanto que desde esa nación judía viene la salvación para el resto del mundo.  En su tiempo el Señor dijo: “Porque la salvación viene de los judíos”. Juan 4:22; no precisamente de ellos—los judíos—sino que el Señor habla en su propia representación por haber nacido en la tribu de Judá y haber fundado su iglesia en Jerusalén en el año 30 de nuestra era.

Concluimos esta exposición atendiendo a las interrogantes que formulamos en la primera parte de esta temática sobre la situación de los judíos y gentiles que guardan las fiestas levíticas.

¿Por qué los judíos aun celebran las festividades levíticas, no obstante, que están excluidas en el nuevo pacto? ¿Cuál es la condición de ellos delante del Eterno?  ¿La gracia de Dios es con la nación hebrea?

¿Y en que situación están los expositores de las fiestas del pueblo gentil?

Respondiendo a la primera pregunta, que porque los judíos aun celebran las fiestas levíticas.  Desde los albores de la iglesia hasta el tiempo presente, los judíos que endurecieron su corazón a la fe, aun permanecen en el primer pacto—reformado por nuestro Señor—observando las leyes prescritas por Moisés.  “Pero el entendimiento de ellos—los judíos—se embotó; porque hasta el día de hoy cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado.  Y aun hasta el día de hoy cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos” 2da de Corintios 3:14 y 15.  Reiteramos, que por su desobediencia Israel fue endurecido en parte—Romanos 11:25—y hasta el día de hoy, como explica Pablo permanecen en total incredulidad al evangelio de Jesucristo. 

Entonces, ¿cual es la condición real de los judíos delante del Eterno?  ¿La gracia de Dios es con ellos?  La condición de los judíos en la carne delante del Señor es precaria, por cuanto no han recibido como su Salvador al Señor Jesucristo, y por tanto, están excluidos de la gracia.  Sin embargo, la salvación de los judíos está cifrada en el pacto que Jehová hizo con sus padres.  “No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el pueblo más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres.  Conoce pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel que guarda el pacto y la misericordia”.  Deuteronomio 7:8 y 9.  Así, Dios, mantiene su palabra a través de la alianza que hizo con Abraham de proteger, defender y salvar a Israel en el día postrero.  “Pero cuando se conviertan al Señor el velo—de incredulidad—se quitará”. 2da de Corintios 3:16.  

¿Y en que situación están delante del Señor los expositores de las fiestas del pueblo gentil?  Si los judíos fueron excluidos de la fe, por permanecer sujetos a la ley de Moisés, buscando su propia justificación, ¿Qué de los gentiles que abrazan las festividades levíticas excluidas del nuevo pacto?  ¿Cuál es su postura? Porque ni son cristianos—La iglesia de Dios, no ha observado ni guarda estas fiestas—ni son judíos según la carne.  Entonces, ¿quienes son?

Concluido…

LA IGLESIA DE DIOS Y SU TEMATICA

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