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“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”

Juan 8:32

La frase: !Soy libre! se escucha con frecuencia en el ámbito religioso. Pero, ¿realmente son libres?

Si bien el diccionario expresa que la libertad es: “La facultad y derecho de las personas para elegir de manera responsable su propia forma de actuar dentro de una sociedad”.  Sin embargo, la libertad expuesta por el Hijo de Dios, es contraria a la libertad que el hombre tiene por naturaleza; es decir, que la liberación propiciada por Jesús, no tiene relación con aspectos materiales. 

Para ilustrar esta parte, veamos el concepto paulino: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no volváis otra vez a ser presos en el yugo de servidumbre”. Gálatas 5:1.  Muchos judíos habían aceptado la fe del Hijo de Dios, sin embargo, les era difícil renunciar a todos los componentes de la ley de Moisés que desde niños la habían cultivado.

Ahora bien, los conversos gentiles, ¿cómo conducen su libertad en Cristo?  Vivimos en una época distinta a la del pueblo hebreo; nos desenvolvemos en una era moderna de mayores exigencias en todos los ámbitos de la vida.

Consideremos las tres partes importantes relativas a nuestra libertad.

  1. ¿En que consiste realmente la libertad concedida por el Señor Jesucristo?
  • ¿Acaso, una vez que aceptamos al Hijo de Dios, somos verdaderamente libres?
  • ¿Cómo afecta nuestra libertad personal  en el ámbito en que nos desarrollamos?

¿EN QUE CONSISTE REALMENTE NUESTRA LIBERTAD?

“De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, es siervo del pecado”. Juan 8:34.  A este respecto un reconocido escritor expresa: “Dios no solo respeta la libertad que ha otorgado al hombre sino que revela esa libertad.  Por esta razón se puede afirmar que la voluntad de Dios es la libertad que conduce al hombre hacia el cumplimiento de la verdad”. ¿ Como revela Dios la verdad? “Enséñame, oh Señor tu camino caminaré yo en tu verdad, afirma mi corazón para que tema tu nombre.  Dame integridad de corazón para temer tu nombre”. Salmo 86:11.

Por otro lado, siempre en el contexto de nuestra libertad, el artículo 95 de nuestra Constitución Política de Guatemala, expresa: “Toda persona tiene derecho a hacer lo que la ley no prohíbe”.  La ley que nos rige, ¿prohíbe fumar? No.  ¿Ingerir bebidas embriagantes? Tampoco.  ¿Entrar a sitios de entretenimiento de mala reputación? No. 

Así, las normas legales que emite nuestra Constitución, nos proveen de libertad de elegir lo que queramos, sin embargo, su naturaleza dista de la libertad otorgada por el Señor Jesús, por ser altamente espiritual.  En este sentido, el apóstol Pablo se pronuncia: “Todas las cosas me son lícitas, pero yo no me dejaré dominar por ninguna.  Todo me está permitido, pero no todo conviene”. 1ra Corintios 6:12.

Debemos valorar a Aquel-Jesucristo-que nos sacó de la esclavitud del pecado: “Al que nos amó y nos libertó de nuestros pecados con su sangre”. Revelación 1:5 última parte

¿ACASO UNA VEZ QUE ACEPTAMOS AL HIJO DE DIOS, SOMOS VERDADERAMENTE LIBRES?

“Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos.  Y conoceréis la verdad y la verdad os libertará”. Juan 8:31 y 32.

A la pregunta de nuestro subtítulo que si es suficiente aceptar al Hijo de Dios para ser libres, la palabra de Dios, expone: “Más ahora, libertados del pecado, y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y por fin la vida eterna”. Romanos 6:22.  No es suficiente reconocer al Hijo de Dios en nuestra vida; conlleva también como expone Jesús, persistir o perseverar en aras de nuestra libertad.  Nuestra libertad apenas es el principio; le sigue la entrega, la confirmación de una liberación plena y santa y el final de nuestra existencia, la vida eterna.  “Actuad como libres, y no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios”. 1ra de Pedro 2:16.

Estudiemos brevemente el caso de Judas Iscariote, uno de los apóstoles del Maestro, que fungía como tesorero del grupo; sin embargo sustraía los fondos que eran destinados a los pobres: “Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote, hijo de Simón, el que lo había de entregar; ¿porqué no se ha vendido este ungüento por 300 dineros, y se dio a los pobres? 

Más dijo esto, no por el cuidado que él tenía de los pobres; sino porque era ladrón y tenía la bolsa, y traía lo que se echaba en ella”. 

Juan 12:4-6. 

¡Judas había violentado su libertad dada por el Maestro, una vez que hurtaba el dinero!  Judas había sido elegido directamente por el Maestro, ¿y en qué se convirtió? Jesús le respondió: ¿No he escogido yo a vosotros doce, y uno de vosotros es diablo? Juan 6:70.  Y como corolario lo entrega a las huestes romanas por treinta monedas de plata. 

Como servidores del Señor debemos entender que una vez que el Maestro pronuncia aquella frase: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará” , la cadena del pecado se rompe.  Somos libres, ¿entonces porqué volver a nuestro cautiverio? “El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje haciendo con sus manos lo que es bueno”. Efesios 4:28.

Por aparte, en el mismo contexto, ¿cómo lidiamos con nuestra alimentación?  Como pueblo de Dios somos instruidos a comer saludable, desechando las viandas inmundas.  El apercibimiento del Señor: “Cuando te sientes a la mesa de un señor, fíjate bien en lo que te sirven.  Si eres de buen comer, pon cuchillo a tu garganta.  Se prudente y resiste”. Proverbios 23:26.  Aún en esta parte de nuestra vida debemos manejar bien nuestra libertad en la escogencia adecuada de nuestros alimentos, aún cuando estemos en otro país.  Cuál es el concepto de: “¿Pon cuchillo a tu garganta?” .  Utilizar la ética y determinar cómo debemos actuar.  Apelar a los valores presupone un compromiso real y profundo ante Dios, y ante sí.  O como explica la última parte del versículo 26: “Se prudente y resiste

¿CÓMO AFECTA NUESTRA LIBERTAD PERSONAL EN EL AMBIENTE EN QUE NOS DESARROLLAMOS?

La integridad es la clave de la libertad haciendo siempre lo correcto; comenzando en el seno de nuestro hogar.  “En la integridad de mi corazón andaré dentro de mi casa.  Entenderé en el camino de la perfección cuando vinieres a mí en perfección de mi corazón andaré”. Salmo 101:2.

Relativo a nuestra familia e hijos, ¿cómo manejamos la autodeterminación en el trato con ellos?

Veamos brevemente un episodio que ocurrió en los albores de la humanidad.  “Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; más Rebeca amaba a Jacob”. Génesis 25:28.  No obstante, que Esaú y Jacob eran hermanos producto de un matrimonio que formaba Rebeca e Isaac, tenían favoritismo por sus hijos.  ¡El trato no era igual!  Favorecer a un hijo y despreciar al otro, es un acto injusto, contrario a la libertad que profesamos; abusamos de ella.

Los lectores de la Palabra de Dios saben las consecuencias sufridas por el error cometido por esta pareja, de conducir mal a sus

hijos; Esaú intentó matar a su hermano. Génesis 27:41.

La libertad no debe ir en contra de las normas familiares.  Respetar las reglas de la convivencia dará como resultado la justicia paz y respeto con los demás.

Lo paradójico es que todo aquel que infringe su libertad de manera antojadiza, será juzgado por la misma ley que lo hizo libre: “Así hablad y así proceded, cómo los que han de ser juzgados POR LA LEY DE LA LIBERTAD”. Santiago 2:12.

Concluído.

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